Con la nueva y temible variante ómicron ya en casa, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha presentado este jueves una renovada estrategia pandémica para continuar en una fatigosa pelea que ya va para dos años, desde que el coronavirus sorprendió al mundo a finales de 2019 en Wuhan (China).
El paquete de medidas, que cambia el paso de la Administración de Biden y pone el acento en la importancia de la realización de pruebas diagnósticas para frenar el avance del virus, incluye dosis de refuerzo para adultos de todas las edades, el compromiso de que las aseguradoras reembolsarán el coste de los test practicados en casa y el establecimiento de centenares de lugares de vacunación destinados a las familias, así como nuevas reglas para los viajeros internacionales. El principal cambio para estos últimos implica que, frente a la exigencia anterior de presentar un test negativo efectuado en las 72 horas previas al viaje, ahora será obligatorio que, sea cual sea la pauta de vacunación o el país de origen, la prueba se realice en las 24 horas previas.
“Vamos a luchar contra esta variante echando mano de la ciencia y con rapidez, nunca con caos y confusión. Es un plan diseñado para que podamos, por fin, tras tantos meses de enfrentamientos y partidismos, luchar unidos contra el virus y trabajar por la recuperación económica. Es nuestra responsabilidad patriótica”, ha dicho Biden este jueves en la sede del Instituto Nacional de Salud en Bethesda, localidad de Maryland que sirve de suburbio a la ciudad de Washington. El anuncio, que evita recurrir a nuevos confinamientos o a los mandatos de vacunación, medidas que en los últimos meses se han topado una y otra vez con la oposición de los jueces, llega al día siguiente de que el primer caso de ómicron se detectara en California en un paciente no vacunado que había llegado de Sudáfrica. El segundo ha sido noticia hoy: un residente de Minnesota, en el norte del país, que había estado en Nueva York.
Lo más novedoso de la estrategia es que contradice en cierto modo la política previa de la Administración de Biden, que había recibido críticas por centrarse demasiado en la vacunación (y no tanto en el uso de mascarillas y en la realización de pruebas diagnósticas) como la vía principal para luchar contra el coronavirus. El anuncio de Biden reconoce la importancia de la detección para ganar esa guerra, sobre todo, porque aún no está clara la eficacia de las vacunas actuales ante la nueva variante. A partir de ahora, las aseguradoras están obligadas a pagar las pruebas que los ciudadanos se realicen en casa (hasta ahora costeaban solo las realizadas en determinados establecimientos médicos). Y aquellos que no tengan seguro dispondrán de lugares donde recoger tests gratuitos que llevarse a sus domicilios.
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