La vicepresidenta, Kamala Harris, ha declarado la nueva Ley de Respeto al Matrimonio, que reconoce expresamente los derechos federales para los matrimonios entre homosexuales y entre personas de diferentes razas “una victoria” y ha logrado la defensa por Biden de los derechos LGTBIQ ante un público entregado como pocas veces. Biden, con sus habituales gafas de sol para actos al aire libre, se ha mostrado enérgico, aunque con algo de tos: “Hoy es un buen día. Hoy América da un paso definitivo hacia la igualdad para la libertad y la justicia, no solo para algunos, sino para todos, todos hacia una nación donde la decencia, la dignidad y el amor sean reconocidos, honrados y protegidos”, ha dicho el presidente.
“Hoy he firmado la Ley de Respeto al Matrimonio. Decidir si casarse y con quién casarse es una de las decisiones más trascendentales que una persona puede tomar”, ha continuado, exponiendo que la cuesión del matrimonio es para él sencilla: “¿A quién amas? ¿Y serás leal a esa persona que amas? No es más complicado que eso. La ley reconoce que todo el mundo debe tener derecho a responder a esas preguntas por sí mismos sin la interferencia del Gobierno”. Biden ha reconocido que Estados Unidos había fallado durante la mayor parte de su historia en reconocer la misma dignidad y derechos a las parejas del mismo sexo o las interraciales.
Biden ha subrayado que “el Congreso ha dicho alto y claro que el amor es el amor. Lo correcto es lo correcto. La justicia es la justicia. Estas cosas son cosas fundamentales que América cree que importan”, y ha dicho que si ha sido necesario aprobar la ley es por un “Tribunal Supremo extremista” que derogó en junio pasado el aborto como derecho constitucional y en el que uno de sus miembros, el juez Clarence Thomas, sugirió que había que revisar también el derecho al matrimonio igualitario y al acceso a anticonceptivos.
La nueva norma
Los derechos de los matrimonios entre homosexuales están desde hoy más protegidos, pues la nueva ley los blinda ante un eventual cambio de criterio por parte el Tribunal Supremo, de mayoría conservadora. El matrimonio entre personas del mismo sexo está reconocido como derecho en Estados Unidos precisamente gracias a una sentencia de 2015 del Supremo, entonces con mayoría progresista. El fallo del caso Obergefell contra Hodges, que anuló leyes de Míchigan, Kentucky, Ohio y Tennessee que solo permitían la unión entre un hombre y una mujer. Un total de 37 de los 50 Estados (más la capital federal, Washington) habían aprobado antes leyes al efecto, pero el resto se negaron hasta ese fallo del Alto Tribunal a reconocerlos. El Congreso federal nunca lo había regulado y las anteriores leyes, declaradas inconstitucionales por el Supremo, lo que hacían era definir como único matrimonio el celebrado entre un hombre y una mujer.
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