La búsqueda del origen de las obras más antiguas de la humanidad ha fascinado a arqueólogos y artistas por generaciones. La provenance—Historia de la propiedad de una obra, esencial en el mundo del arte—se convierte en un reto monumental cuando se trata de pinturas de cavernas que datan de hace decenas de miles de años. ¿Quiénes fueron los creadores de las cautivadoras imágenes de bisontes en las paredes de Altamira? ¿Quién dejó huellas de manos en la piedra caliza? Recientemente, un estudio innovador ha abierto un camino fascinante hacia la respuesta, utilizando la genética.
Investigadores han participado en excavaciones a lo largo de las impresionantes cuevas de España y Portugal, extrayendo ADN humano antiguo directamente de las paredes de estas formaciones rocosas. Este hallazgo no solo promete arrojar luz sobre quiénes fueron los responsables de tan magníficas obras, sino también proporcionar un nuevo enfoque para explorar la ocupación de estos enigmáticos espacios por parte de nuestros antepasados.
Sin embargo, es importante subrayar que este estudio no pretende otorgar nombres a los artistas de las pinturas prehistóricas. En vez de ello, ofrece la oportunidad de identificar quién utilizó estas cuevas y en qué época, además de contribuir a uno de los debates más acalorados en el ámbito arqueológico: la posibilidad de que algunos de los cuadros rupestres más antiguos en Europa fueran el resultado del trabajo de los neandertales, en lugar de los humanos modernos.
Los avances en otras áreas de investigación científica han permitido a los expertos determiner qué materiales se usaron en estas creaciones y cuándo se llevaron a cabo. Gracias a análisis químicos, se han podido identificar pigmentos como el ocre rojo y el carbón, mientras que las técnicas de datación han llevado a la identificación de una estampa de mano en Indonesia que data de al menos 67,800 años atrás, marcando un hito en nuestra comprensión del arte rupestre.
El enfoque más reciente adoptado por los científicos involucra análisis de ADN en las superficies pintadas y no pintadas de once sitios a lo largo de la península ibérica. Los resultados han sido prometedores, con evidencias contundentes de ADN de cazadores-recolectores antiguos encontradas en la Covarón Cave en el norte de España, así como en la Escoural Cave en Portugal, donde se extrajo ADN de una superficie pintada que proporciona un sólido primer ejemplo de conservación de material genético en rocas durante milenios.
Es notable cómo un simple acto como respirar puede dejar rastros de ADN. La lluvia y los movimientos de visitantes posteriores pueden también alterar y redistribuir este material genético. Aunque el hallazgo de ADN en una cueva indica la presencia de un individuo, no se puede inferir que esa persona llevó el pigmento que creó la obra de arte. A pesar de sus limitaciones, esta técnica se considera revolucionaria.
Un posible escenario intrigante se presenta en la famosa serie de estuarios de manos en la cueva Maltravieso, en España. Varios investigadores sugieren que estas obras podrían ser más antiguas que la llegada de Homo sapiens a Europa, lo que podría implicar que los neandertales fueron los verdaderos responsables. Extraer ADN que coincida cronológicamente con estas obras podría aportar una nueva dimensión al estudio.
Aunque el estudio no proporciona nombres a los primeros artistas de la historia, sí sugiere que las paredes de las cuevas pueden ser más que simples lienzos; pueden preservar la huella de las personas que se han parado frente a ellas. Para los arqueólogos, esto significa la apertura a nuevas líneas de evidencia. Mientras tanto, para los historiadores del arte, esto podría representar los primeros pasos hacia el reconocimiento de la provenance de las obras maestras más antiguas de la humanidad.
Este tema sigue siendo un campo en desarrollo, con todo el potencial de alterar nuestra comprensión de la historia artística. Los próximos años podrían deparar aún más descubrimientos sorprendentes en este fascinante cruce entre arte, ciencia e historia.
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