Ganó Francia sin jugar bien. Ganó el equipo con los mejores futbolistas del planeta sin que sus figuras brillaran. Se impuso sin provocar una gran parada de Neuer. Le bastó con un gol en contra de Hummels para grabar el 0-1 ante una Alemania que lleva cinco años en crisis y, sin embargo, dominó el balón y el campo a base de coraje, orden y afán de supervivencia, animada por su gente en Múnich.
Dominio alemán
Replegada sobre su área con los tres centrocampistas y los cuatro zagueros, Francia se vio dominada por un adversario que estuvo muy lejos de la perfección. Havertz, el héroe de la última final de Champions, fue presa de una de esas tardes tan habituales en él, en las que se convierte, por momentos, en un espectador más. Por la derecha Kimmich hizo poco por aprovechar la autopista que le liberaba Mbappé. Dio igual. Alemania se bastó con el eje que formaron Hummels, Toni Kroos y Gündogan para ir enhebrando pases hasta vencer a los futbolistas más expertos en presionar que existen. Pep Guardiola da fe. No es normal ver a Kanté desbordado por las combinaciones de sus contrincantes. Esto sucedió en Múnich. Y ocurrió sin que el balón rodara demasiado rápido tampoco. Ocurrió porque al armazón francés le faltó la capa de blindaje que le convirtió en impenetrable en sus días más rutilantes.


