Desde finales de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho constantes advertencias sobre la posibilidad de terminar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este tipo de declaraciones han repercutido negativamente en los mercados, aunque a medida que han proliferado, el impacto parece haberse atenuado. Muchos analistas consideran que esta amenaza se ha convertido en un eco más que en una advertencia seria, al menos en el contexto actual de las negociaciones.
A pesar de la retórica de Trump, quedarían limitadas las soluciones si decidiera dar el paso de renunciar al T-MEC. En esta línea, diversos modelos de probabilidad, de instituciones como Kalshi y Scotiabank Economics, estiman que las chances de que cumpla con su amenaza de salir del acuerdo son del 10%. Similarmente, la probabilidad de una renovación automática del tratado el 1 de julio también es del 10%. Sin embargo, el escenario intermedio despierta un mayor interés: se estima que hay un 42.5% de posibilidades de una renovación más prolongada antes de las elecciones de medio término, aunque esta podría venir acompañada de ajustes difíciles para México y Canadá.
La situación se complica más cuando se considera que el comercio entre estas naciones ya no se analiza solo desde la óptica de la eficacia de las cadenas de suministro, sino desde una perspectiva de seguridad nacional y contención geopolítica. Esto sugiere un cambio hacia un comercio más regionalizado, alejándose de las cadenas globales que incluyen a China.
Un rechazo absoluto al comercio preferente dentro de su propia región podría acarrear costos desproporcionados para la economía estadounidense, afectando a sectores clave como el agrícola, automotriz y tecnológico. Por ello, en lugar de buscar una ruptura inmediata, Washington parece estar empleando tácticas para presionar a sus socios. Los sindicatos manufactureros, por ejemplo, han demandado la imposición de aranceles más altos a las importaciones, mientras que el sector agrícola solicita reglas más rigurosas.
Este panorama revela una dinámica interesante: aunque se percibe una multiplicación de los encuentros y mesas de trabajo, lejos de ser una señal de debilidad, indica un interés genuino por alcanzar un acuerdo beneficioso para las tres partes. La probabilidad de una ratificación inmediata en los 15 días próximos es considerada casi nula, y el desenlace más plausible podría consistir en una extensión por parte de Estados Unidos o una “muerte lenta” del acuerdo, con revisiones establecidas de manera anual.
Este complejo entramado de relaciones y negociaciones destaca que, aunque el diálogo continúa, el contexto ha cambiado drásticamente, enfocándose más en la seguridad nacional que en la libertad comercial tradicional. Estos cambios invitan a todos los actores involucrados a ser más astutos y flexibles, en un escenario que promete ser decisivo para el futuro comercial de América del Norte.
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