La semana pasada, estudiantes de la Maestría en Finanzas de EGADE tuvieron la oportunidad de visitar la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), acompañados por Gerardo Aparicio, Director de Cultura Financiera de la BMV. La experiencia fue enriquecedora, gracias al profundo conocimiento que Aparicio compartió sobre la historia de esta institución, que celebró 130 años desde su fundación el año pasado.
Durante la visita, se discutió la estructura del Grupo Bolsa Mexicana de Valores SAB, que opera bajo la Ley General de Sociedades Mercantiles de México, vigente desde 1934. La reforma más significativa ocurrió el 30 de diciembre de 2005, con la promulgación de una nueva Ley del Mercado de Valores, que abrogó la anterior de 1975 y permitió que las empresas que cotizan en Bolsa se transformaran en Sociedades Anónimas Bursátiles.
El artículo informado por Gerardo Aparicio en el blog “Hablemos de Bolsa” revela un hito en esta historia: el 13 de junio de 2008 se llevó a cabo la Oferta Pública Inicial (OPI) de BOLSAA.MX. Este proceso se inició el 31 de enero de 2008, cuando los accionistas decidieron aprovechar las nuevas reformas que permitían que las Bolsas se convirtieran en emisoras públicas. La OPI resultó ser la más diversificada hasta la fecha, atrayendo a 13,700 inversionistas y 100 fondos institucionales internacionales. La colocación de acciones fue un éxito, logrando una venta de $4,600 millones de pesos con un precio de $16.50 por acción, ubicándose dentro del rango objetivo de entre $14 y $19 pesos.
Aparicio utilizó una analogía interesante para explicar el funcionamiento del mercado: una carretera de tres carriles. El primer carril está formado por la Bolsa de Valores de México, dedicada a la negociación de acciones y otros valores. El segundo carril lo constituye Sif Icap, que se enfoca en productos de deuda, y el tercero es el MexDer, especializado en derivados.
El segundo carril es esencial en la post-operación, comprendiendo entidades como la Contraparte Central de Valores (CCV) y Asigna, que actúan como cámaras de compensación, además de una tercera entidad que, aunque menos visible, es crucial para los sistemas de pago. El último carril se refiere a los servicios de información financiera a través del área de Market Data.
Estos aspectos son apenas un fragmento de lo que se descubre en el Museo de la Bolsa Mexicana de Valores, que ofrece una visión detallada de su trayectoria y piezas icónicas de su historia. El museo está abierto al público y vale la pena visitarlo para quienes deseen profundizar su comprensión sobre este pilar fundamental de la economía mexicana.
Además, es interesante señalar que, si usted forma parte de un sistema de AFORE, podría ser accionista, aunque de forma proporcional, del Grupo Bolsa Mexicana de Valores SAB, ilustrando así cómo la Bolsa impacta incluso en la vida cotidiana de muchos mexicanos.
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