El gobierno de Claudia Sheinbaum ha decidido implementar la técnica de fracking para la exploración y explotación del gas natural en México, un cambio crucial después de más de un cuarto de siglo desde el inicio de la “revolución shale” en Estados Unidos. Este giro no solo responde a la necesidad de soberanía energética, sino también a la imperante caída en la producción de petróleo en el país.
La adopción del fracking marca un alejamiento de la postura ideológica del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien estuvo cerca de prohibir esta técnica. El actual gobierno ha optado por un enfoque más pragmático, especialmente ante la alarmante dependencia de México del gas natural importado, que representa entre el 70 y el 77% de su consumo total, equivalente a 9.1 mil millones de pies cúbicos diarios. Las proyecciones indican que esta cifra alcanzará los 10.8 mil millones de pies cúbicos diarios para 2030.
En este contexto, el 6 de agosto de 2026, un Comité de Científicos y Especialistas evaluó la viabilidad del fracking en México. Aunque dio un visto bueno condicionado a la producción de gas, estableció restricciones como la prohibición en la cuenca Tampico-Misantla y la autorización en tres regiones: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Además, el uso de agua salada es una de las condiciones impuestas, en un esfuerzo por proteger los recursos hídricos, rechazando el uso de agua dulce.
El análisis del comité también destaca un potencial significativo en yacimientos no convencionales, estimando 141.5 billones de pies cúbicos en recursos. Sin embargo, se requiere realizar estudios adicionales para transformar estos recursos prospectivos en reservas confirmadas, y para asegurar la viabilidad económica del proyecto. Esta situación refleja la urgencia del gobierno por reducir la dependencia energética, al tiempo que se busca atraer inversiones privadas que son cruciales para el desarrollo del sector.
Acompañando esta estrategia, el comité propuso varias medidas que deben implementarse junto al fracking, incluyendo el aumento de la generación eléctrica mediante fuentes renovables, el uso más eficiente de la energía y la producción nacional de combustibles en yacimientos convencionales, también recordando la crítica histórica acerca del desperdicio de gas natural durante la extracción petrolera.
A pesar de llegar tarde a un proceso global que ya lleva décadas, la decisión de Sheinbaum es un paso importante en la búsqueda de una independencia energética más robusta para México. A medida que se avanza en los planes y se superan los desafíos logísticos y políticos, el país podría estar en una ruta decisiva para rendir frutos en un sector prometedor y vital para su futuro económico y energético.
En otro orden de ideas, el sector farmacéutico también presenta oportunidades interesantes para México. El país se está posicionando como un hub en América Latina para este negocio, al albergar eventos como BePharma, que reúne a fabricantes y distribuidores de la industria de la salud. En su próxima edición, programada para el 7 y 8 de septiembre de 2026, se espera la participación de empresas de 28 países, consolidando a México como un punto de encuentro crucial en la industria global de salud.
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