Una tragedia se cernió sobre los pasajeros del Tren Interoceánico el 28 de diciembre de 2025, cuando un descarrilamiento dejó un saldo trágico: 14 muertos y más de 100 heridos, muchos de los cuales requirieron hospitalización. A medida que la investigación avanza, surgen detalles escalofriantes acerca de la gestión del ferrocarril y la inadecuación de su infraestructura.
Testimonios de sobrevivientes, como el de una mujer que abordó el tren en Ciudad Ixtepec, Oaxaca, revelan que minutos antes del accidente se escucharon peticiones por radio instando al maquinista a reducir la velocidad. Esta revelación ha sido recopilada en un documento acusatorio de la Fiscalía General de la República (FGR), que ha fijado su mirada en tres trabajadores de Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, a quienes se les imputa homicidio y lesiones culposas.
Sin embargo, el hecho alarmante es que el documento no solo señala la actuación humana como culpable, sino que ignora ciertos indicios de fallas técnicas en locomotoras y vagones. Esta es la primera vez que se registra un accidente de esta magnitud en el contexto de la nueva era de trenes de pasajeros en México. La investigación también enfrenta contradicciones en los datos de pasajeros, con estimaciones que fluctúan entre 231 y 250.
El maquinista, Emilio Erasmo Canteros, excedió el límite de velocidad permitido de 50 kilómetros por hora, viajando a 65 km/h al momento del siniestro. Este detalle es crucial, pues el propio informe de la FGR enfatiza el “error humano” como la única causa del evento trágico. A pesar de que las licencias del maquinista y del conductor habían caducado desde 2020 y 2024, respectivamente, la empresa no ha explicado cómo permitieron que continuaran operando. En este sentido, el secretario de Marina subrayó que la responsabilidad de la renovación recae en el usuario, aunque desde la empresa se ofrecieron facilidades para su actualización.
La negligencia también se extiende a la condición de los trenes; se ha comprobado que los vagones fueron fabricados hace más de 30 años, y a lo largo de las inspecciones previas al accidente, se evidenciaba un desgaste significativo. Las pruebas realizadas indican que la infraestructura ferroviaria presenta una transición comprometida entre durmientes de madera y de concreto, aumentando el riesgo de accidentes.
Mientras el tribunal asignado a este caso se encuentra en Cintalapa, Chiapas, y dos de los detenidos ya están vinculados a proceso, el tercer implicado está prófugo. La falta de una respuesta clara sobre el dictamen de la FGR ha suscitado dudas en algunos sectores. En casos similares, se han recurrido a agencias independientes para garantizar la objetividad de las investigaciones; sin embargo, la recencia de tales prácticas en México ha dejado mucho que desear.
La causa detrás de la gestión de un sistema ferroviario tan crítico debe ser investigada a fondo no solo para brindar justicia a las víctimas, sino también para garantizar que tragedias como esta no se repitan. Hasta el momento, el único camino claro parece ser el que ha trazado la FGR, aunque algunos cuestionan su contundencia y transparencia. Las repercusiones de esta tragedia resonarán en la sociedad mexicana, llamando a un examen más riguroso de la seguridad ferroviaria y la responsabilidad que tienen las empresas de proteger a sus pasajeros.
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