Italiano de nacimiento y figura emblemática del panorama operístico, Bruno Campanella ha dejado una huella imborrable a través de más de cuatro décadas de carrera. El reconocido director de orquesta falleció a los 83 años, el 6 de enero de 2026, en el contexto de una trayectoria que le permitió convertirse en uno de los más destacados intérpretes del repertorio bel canto.
Nacido en Bari en 1943, Campanella inició su formación musical en un entorno fértil, estudiando composición con los célebres Nino Rota y Luigi Dallapiccola. A lo largo de su carrera, tuvo la fortuna de ser guiado por maestros excepcionales en el arte de la dirección, como Hans Swarowsky y Thomas Schippers. Su proyección internacional comenzó en la década de 1970, y, desde entonces, se consolidó como un especialista en las obras de Rossini, Donizetti y Bellini.
Su notable carrera lo llevó a los más prestigiosos teatros de ópera del mundo, como La Scala de Milán, el Metropolitan Opera de Nueva York, el Royal Opera House de Londres, el Opéra National de París, la Ópera Estatal de Viena, el Lyric Opera de Chicago, el San Francisco Opera, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y el New National Theatre de Tokio, entre otros.
Entre 1992 y 1995, Campanella se desempeñó como director musical del Teatro Regio de Turín, donde continuó como director invitado principal. Aunque es especialmente conocido por su dominio del bel canto, la versatilidad de su talento lo llevó a dirigir también obras de compositores como Verdi, Stravinsky, Ravel y Britten, así como de su querido maestro Nino Rota.
A lo largo de su vida profesional, tuvo el privilegio de colaborar con algunas de las voces más brillantes de su tiempo, incluyendo a Cecilia Bartoli, June Anderson, Natalie Dessay, Mariella Devia, Juan Diego Flórez y Kathleen Battle. Su extensa discografía, sobre todo en las obras de Rossini y Donizetti, le valió un lugar destacado entre los directores de orquesta más respetados en el ámbito del bel canto.
Entre los honores que recibió se destaca el Ordre des Arts et des Lettres de Francia, otorgado en 2002, así como el prestigioso Oscar della Lirica, recibido en China en 2017. Estas distinciones reflejan el profundo impacto que tuvo en la música y su legado perdurará en el mundo de la ópera.
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