Agosto Machado, un emblemático artista y activista vinculado a la escena artística de Downtown Nueva York, falleció el pasado sábado tras una breve enfermedad. Su trabajo, especialmente sus esculturas en forma de altares, ha cobrado relevancia en exposiciones como la Bienal de Whitney, donde actualmente se exhiben sus obras. En honor a su deseo de privacidad, su galería, Gordon Robichaux, no reveló su edad en el obituario, siguiendo su propia elección de mantener en secreto su año de nacimiento, algo que él mismo describió con humor: “Una dama nunca revela su edad”.
A lo largo de su vida, Machado se destacó no solo como artista, sino también como archivista y activista, prefiriendo describirse como una “reina de la calle pre-Stonewall.” Participante activo en el levantamiento de Stonewall de 1969 y en el Movimiento de Liberación Gay de la década de 1970, formó parte de un entorno artístico que incluía a figuras como Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Andy Warhol y otros. Sus actuaciones en lugares icónicos como La MaMa y el Pyramid Club consolidaron su posición como figura central de la escena neoyorquina.
Desde antes de la crisis del SIDA, Machado comenzó a recopilar efímera relacionada con su comunidad, creando retratos de amigos y héroes personales. Con la llegada de la epidemia, estos altares adquirieron un significado más profundo, transformándose en un acto de “culto a los ancestros” y gratitud hacia quienes dejaron huella en su vida. Por ejemplo, uno de sus altares en la Bienal rinde homenaje a Ethyl Eichelberger, un artista drag que padeció un diagnóstico de SIDA y falleció en 1990.
A pesar de que su trabajo no fue reconocido como arte por mucho tiempo, su inclusión en museos de prestigio, gracias a la promoción de su galería, ha ido en aumento. Su obra se exhibe ahora en el Museo de Arte Moderno (MoMA), junto a obras de destacados artistas de los años 80, lo que evidencia un creciente reconocimiento en el ámbito del arte contemporáneo.
Poco se sabe sobre los primeros años de Machado, quien creció huérfano en Hell’s Kitchen, Manhattan. Su vida tomó un giro significativo en 1959, año en que adoptó su nombre artístico inspirado en la modela China Machado. Reflejando su conexión con la comunidad queer, Machado describió su juventud como una búsqueda de materiales que servían como recordatorios de la historia y la cultura gay. Durante la década de 1960, este proceso de acumulación de recuerdos se convirtió en una forma de preservar la historia de un colectivo amenazado.
Durante la crisis del SIDA, Machado no solo mantuvo viva su memoria, sino que también organizó esfuerzos de cuidado durante 12 años, desafiando las estigmas sociales en su comunidad. A pesar del rechazo que enfrentó, continuó su misión de ayudar a los que más lo necesitaban, convirtiéndose en un héroe no reconocido entre sus pares.
Machado tenía planes precisos para su legado. Tras su muerte, sus cenizas serán esparcidas en el río Hudson, junto a las de amigos queridos. Su enfoque sobre la naturaleza transitoria de la vida refuerza su deseo de que su obra y su historia no se pierdan en el tiempo, sino que sigan resonando en el corazón de quienes lo conocieron y en la memoria colectiva de su comunidad.
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