Siri Aurdal, la destacada escultora y pintora noruega, falleció el 31 de marzo a la edad de 88 años en Oslo, rodeada de amigos y familiares. Su muerte fue anunciada por Galleri Riis, su representante. Nacida en 1937, Aurdal provenía de una familia influyente en el mundo del arte escandinavo; sus padres, Synnøve Anker Aurdal, famosa artista textil, y el pintor Leon Aurdal, nutrían su talento desde joven.
A lo largo de su carrera, Aurdal se destacó por su capacidad única para convertir materiales industriales en expresiones artísticas que abordaban cuestiones sociales. En la vibrante escena artística escandinava de finales de los años 60, empezó a definir su identidad visual manipulando plexiglás y fibra de vidrio, materiales que encontró en la industria petrolera de Noruega. Esta elección de materiales reflejaba su preocupación fundamental por la transformación de las personas y los espacios que habitaban.
Aurdal fue una pionera en la creación de instalaciones interactivas, especialmente para niños. En 1969, tras su participación en la Bienal Nórdica de Helsinki, recibió un encargo para realizar obras en las escuelas y parques de Oslo. Uno de sus trabajos más conocidos, Havbølger (“olas del océano”), se construyó con tubos de poliéster recubiertos de fibra de vidrio y fue diseñado como un espacio de juego para los niños.
El enfoque artístico de Aurdal no solo abarcaba la estética; también era un comentario político. Una de sus obras significativas, Januar 67 (también conocida como February 67), nació como respuesta a la Guerra de Vietnam y está actualmente en la colección del Museo Nacional de Oslo. A lo largo de su carrera, tomó largos recesos entre sus obras, demostrando que cada pieza era parte de un “momento completamente nuevo en un trabajo infinito”, como se destacó en una reseña de Artforum sobre su exposición en 2018 en Malmö.
Aurdal fue una de las seis artistas que se presentaron en el Pabellón Nórdico de la Bienal de Venecia en 2017, donde compartió sus pensamientos sobre el plexiglás, un material que le permitía innovar a través de la luz y la reflexión. Su obra, basada en formas precisas de plexiglás en colores fluorescentes, busca no solo la interacción física sino también la conexión emocional entre individuos y sus entornos.
En sus reflexiones, Aurdal evocó enseñanzas de su padre sobre la naturaleza del tiempo y la vida, eligiendo a menudo no definir el arte en términos estrictos. Prefirió mencionar una cita frecuentemente atribuida a Gerhard Richter: “El arte es la forma más alta de esperanza”. Con su partida, el mundo del arte pierde a una de sus voces más innovadoras y reflexivas, cuyo legado perdurará en las alianzas que forjó entre el material, el espacio y la humanidad.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


