La lucha por el emblemático monumento de concreto conocido como Québec Libre! o la Vaillancourt Fountain continúa. La familia del escultor Armand Vaillancourt, de 96 años, no se rinde ante la decisión de la comisión de artes de San Francisco, que anunció su intención de deasignar la obra para facilitar la renovación del plaza Embarcadero, donde la escultura ha sido parte integral del paisaje desde su construcción en 1971.
A medida que la ciudad avanza en los planes de desmantelamiento, los partidarios de la fuente están en pie de lucha. Este controvertido trabajo, descrito por el crítico de arquitectura John King como “uno de los verdaderos trabajos bizarros del arte público en América urbana”, está en el centro de un debate intenso. King sugiere que la fuente sirve como recordatorio de errores de diseño de mediados del siglo XX.
La reciente decisión de iniciar el desmantelamiento ha disparado las alarmas entre los defensores de la obra. El hijo de Vaillancourt, Alexis, quien también es artista, se ha unido al grupo denominado “Friends of the Plaza” para cuestionar el uso de una exención estatal de emergencia que permite a la ciudad descontinuar la escultura sin un exhaustivo análisis previo. Este tipo de exención se aplica únicamente en casos de “ocurrencias súbitas e inesperadas”, algo que, según los defensores, no se justifica en el estado actual de la fuente.
La demanda presentada por la abogada de Friends of the Plaza, Susan Brandt-Hawley, argumenta que la fuente, una “recurso único y venerado”, no se encuentra en tal estado de deterioro que justifique una acción tan drástica. Ella sostiene que “no hay una emergencia”, y que el proceso de desmantelamiento debería ser detenido mientras se reconsidera su importancia histórica, tanto a nivel local como nacional.
El costo estimado del desmantelamiento y la reubicación de la fuente ascenderá a unos 4 millones de dólares y se espera que se extienda durante varios meses. Este desarrollo suscita preocupación entre aquellos que ven en la Vaillancourt Fountain no solo un monumento artístico, sino un símbolo de la identidad cultural y un componente vital del espacio público en San Francisco.
La controversia en torno a la fuente resuena con el interés por el arte público y el medio ambiente, planteando preguntas sobre el equilibrio entre la renovación urbana y la preservación del patrimonio cultural. A medida que se llevan a cabo estas discusiones críticas, los esfuerzos por salvar la fuente continúan intensificándose, reflejando una lucha más amplia por el reconocimiento y la salvaguarda de los tesoros artísticos en la comunidad. La historia de la Vaillancourt Fountain es, sin duda, un componente significativo de la narrativa cultural de San Francisco, un arte que desafía el tiempo y la percepción pública.
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