Es indiscutible que todos hemos pasado por la experiencia de un mal descanso nocturno, donde el despertar se siente como un verdadero lastre. En tales ocasiones, la tentación de recurrir al café o incluso a una rápida siesta puede ser fuerte, pero recientemente un estudio sugiere que una escapada al gimnasio podría ser una estrategia más efectiva para contrarrestar los efectos de la privación del sueño.
El estudio, realizado por un grupo de investigadores de la Universidad McGill, reveló que participar en solo 20 minutos de actividad física intensa puede ser tan beneficioso para la memoria como tomar una siesta de 90 minutos. Este hallazgo puede parecer paradójico—después de una noche de insomnio tratar de hacer ejercicio intenso—, pero actuar y mantenerse activo ofrece ventajas significativas para la mente.
Durante el estudio, se mantuvo despiertos a 54 jóvenes sanos durante 30 horas continuas. Los participantes se dividieron en tres grupos: uno se ejercitó en una sesión de ciclismo de 20 minutos, otro tomó una siesta de 90 minutos, y el tercero se sirvió como grupo de control. Aquellos que realizaron ejercicio o que se tomaron la siesta demostraron un rendimiento notablemente mejor en pruebas de memoria en comparación con el grupo que no hizo ninguna de las dos actividades.
La investigadora Madhura Lotlikar, candidata a doctorado en el Departamento de Neurología y Neurocirugía de McGill, explica cómo tanto las siestas como el ejercicio impactan positivamente el cerebro, aunque a través de distintos mecanismos. Cuando permanecemos despiertos, la presión del sueño comienza a acumularse, y esto, con el tiempo, puede resultar perjudicial para el cerebro. Mientras que una siesta de 90 minutos ayuda a reducir esa presión y mejora la capacidad de aprender, el ejercicio, aunque no disminuye la presión del sueño, permite que el cerebro utilice sus recursos de forma más eficiente.
Si bien el estudio se centró en el ciclismo, expertos sugieren que cualquier tipo de ejercicio aeróbico puede desencadenar este mismo proceso de mejora cognitiva. Se aconseja que el ejercicio sea de intensidad moderada a vigorosa, alcanzando entre el 70% y el 75% de la frecuencia cardíaca máxima.
La pregunta permanece: ¿Es mejor la siesta o el ejercicio para combatir la privación del sueño? Según Lotlikar, la respuesta depende de la situación. Si hay tiempo suficiente, una siesta podría ser la elección ideal. Sin embargo, si no hay opción de dormir, realizar 20 minutos de ejercicio puede ser la alternativa más práctica y efectiva.
La privación del sueño puede traer consecuencias negativas serias para la salud y la apariencia, por lo que resulta fundamental no ver el ejercicio o la siesta como soluciones para alargar el tiempo que dedicamos a estar despiertos. El objetivo primordial debe ser siempre alcanzar una buena calidad de sueño.
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