El 20 de febrero de 2026, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) fue sacudida por la desaparición de Kimberly Joselín Ramos, una estudiante de contaduría de 18 años. Kimberly había abordado un camión de la ruta 1 con rumbo a su facultad, manteniéndose en contacto con su familia hasta aproximadamente una hora después de su llegada al Campus Chamilpa, en Cuernavaca. Su comunicación cesó repentinamente y, al día siguiente, su familia denunció su desaparición ante la Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada de Personas. Tras once días de búsqueda, su cuerpo fue encontrado en una zona del norte de la ciudad. Las investigaciones apuntan a un detenido, Jared Alejandro N, identificado como una persona cercana a Kimberly y relacionado con actividades delictivas en el campus.
El clima de inseguridad se intensificó cuando, el mismo día en que se halló el cuerpo de Kimberly, Karol Toledo, otra joven de 18 años y estudiante de la misma universidad, desapareció. Karol fue vista por última vez en Mazatepec, un municipio cercano. La angustia de su familia creció a medida que pasaban los días sin noticias, y la comunidad estudiantil se unió en apoyo a los padres. Desafortunadamente, el cuerpo de Karol fue encontrado poco después, a solo cinco kilómetros de donde desapareció, sumando así una alarmante pérdida en el mismo contexto de violencia que afecta a la región.
Ambos casos han suscitado indignación en la comunidad universitaria, llevando a los estudiantes a organizar manifestaciones y tomar instalaciones en protesta por la muerte de sus compañeras. “Perdón, Kim, no sabía que estudiar te costaba la vida”, es uno de los gritos que resuena entre los manifestantes, enfatizando el alto costo que la violencia de género está cobrando entre las jóvenes en Morelos.
Por si fuera poco, la desaparición de otra estudiante, Alondra María Contreras, generó una nueva ola de temor. Su familia reportó su ausencia, pero, afortunadamente, fue localizada a salvo poco después. Sin embargo, la tensión en localidad no cesa; ya que se han denunciado amenazas contra las estudiantes que se manifiestan para exigir mayor seguridad en su campus.
Con el 8 de marzo a la vista, la escena en Morelos está marcada por este clima de indignación y alerta. Pese a que las cifras de feminicidios han mostrado una caída desde los picos durante la pandemia, los recientes acontecimientos en el Estado de México y Sinaloa recordaron a todos que el fenómeno de la violencia de género sigue siendo un desafío inminente. La presidenta Claudia Sheinbaum mencionó la necesidad de avanzar más en la lucha contra esta problemática, reconociendo que aún queda mucho por hacer.
Mientras el ambiente de protesta se intensifica y los estudiantes permanecen vigilantes, la sociedad se enfrenta a un doloroso recordatorio de la realidad que viven muchas mujeres en México, donde los actos de violencia persisten en la cotidianidad, exigiendo una respuesta contundente de las autoridades. Con cada marcha y cada palabra de los familiares de las víctimas, la comunidad busca no solo justicia para Kimberly y Karol, sino también un cambio significativo que garantice la seguridad de todas.
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