El Festival de Artes de Reikiavik, que se llevó a cabo del 30 de mayo al 14 de junio, destacó no solo por su variada oferta artística, sino también por una experiencia sensorial poco convencional: el olor. Una creación especial de la empresa familiar Fischersund, dirigida por Jónsi, el vocalista de Sigur Rós, deleitó a los asistentes con fragancias evocadoras, como la de “hierba recién cortada junto a un poste de cercas” y “mora negra cayendo de ramas desnudas”. La instalación principal tuvo lugar en un invernadero del centro de la ciudad, con un ambiente acentuado por el uso de máquinas de niebla.
El festival abarcó una serie de exposiciones e instalaciones que se extenderán hasta el otoño, celebrando la cultura icelandesa en toda su diversidad. Destacó la exhibición de Björk en la Galería Nacional de Islandia. Esta muestra inmersiva permite a los visitantes vivir dentro de tres de sus canciones, siendo “Sorrowful Soil” una de las más destacadas, con un impresionante montaje de 30 altavoces que rodean al espectador, acompañado por proyecciones vibrantes.
A la par, se presentó el trabajo de James Merry, un artista conocido por las máscaras que creó para Björk, inspiradas en figuras paganas y elementos de la flora islandesa. Junto a ellos, la conceptualista alemana Karin Sander también tuvo su espacio, invitando a los visitantes a dejar sus pertenencias en vitrinas como memoriales, en una obra que busca capturar la esencia de la comunidad de Reikiavik.
La escena musical del festival fue igualmente notable. Hildur Guðnadóttir, reconocida por sus bandas sonoras de películas premiadas, ofreció tres conciertos, incluyendo uno en Harpa, un auditorio emblemático diseñado por Olafur Eliasson. La actuación de viibra, un septeto de flautas, exploró nuevos paisajes sonoros, y la pieza “Love Love” de Arnbjörg Maria Danielsen agregó un toque surrealista a la programación del evento.
Más allá de Reikiavik, el museo de arte Samuel Jónsson, ubicado en los remotos Fiordos del Oeste, presentó una exposición titulada “Resonancia”, combinando obras de Jónsson con contribuciones de artistas con discapacidades de Listvinnzlan. Este esfuerzo resalta la resistencia y la creatividad en un contexto que a menudo es ignorado.
En general, el Festival de Artes de Reikiavik de 2026 no solo celebró la diversidad de la expresión artística, sino que también prometió un retorno hacia la comunidad y el sentido de pertenencia, transformando la experiencia cultural de los asistentes en un viaje inolvidable lleno de olores, sonidos e imágenes impactantes.
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