El Museo Experimental El Eco, uno de los edificios más singulares de la Ciudad de México, celebra sus 20 años desde la reapertura con una exposición que combina comisiones nuevas y una performance interdisciplinaria. Este aniversario coincide con el anuncio de que la institución, diseñada por el artista germano-mexicano Mathias Goeritz, está en camino hacia la obtención del estatus de patrimonio nacional.
Fundado en los años 1950, El Eco refleja el ambiente creativo de México en esa época, justo cuando el Muralismo llegaba a su última fase. Goeritz, quien llegó al país en 1949, se convirtió en una figura clave de la escena artística progresista de la ciudad. Según Pablo Landa, director del museo, Goeritz actuó como un punto de conexión entre México y las vanguardias europeas, como la Bauhaus y la escuela Altamira de España, logrando una síntesis única en su obra.
En 1952, el galerista y restaurador mexicano Daniel Mont encargó a Goeritz la creación de un nuevo espacio, que incluía un bar, dándole total libertad creativa. El resultado fue una “escultura habitable” que promovía la coexistencia de diversas disciplinas artísticas. Este espacio materializa el “Manifiesto de la Arquitectura Emocional” de Goeritz, presentado en 1953, que pone énfasis en la emotividad que un lugar puede inspirar a través de sus ángulos pronunciados y vibrantes colores.
El Eco se convirtió en el primer espacio en América Latina diseñado específicamente para exhibir arte moderno, desafiando las prácticas expositivas convencionales de su momento. Sin embargo, su historia no fue larga. La repentina muerte de Mont en 1953 llevó a la transformación del museo en un cabaret, bar y teatro, alejándose de su misión original. En 2004, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) adquirió la propiedad, que estaba en abandono, y se inició una cuidadosa restauración. Cada detalle fue considerado, desde el piso del patio hasta la paleta de colores exacta de Goeritz, influenciada por su cercanía con Luis Barragán.
Lejos de limitarse a ser un museo histórico, la UNAM busca revivir la visión de Goeritz a través de una programación temporal de proyectos específicos que dialoguen con el espacio. El patio del museo, donde originalmente se ubicaba la escultura “Serpiente de El Eco”, a menudo actúa como protagonista. Se ha mantenido el mostrador del antiguo bar, en consonancia con la visión de Mont. Desde su reapertura, el museo ha albergado una serie de importantes proyectos artísticos.
La designación de patrimonio, que actualmente está bajo revisión oficial, garantizaría la longevidad de este icónico sitio. “Estamos a la espera de una resolución final tras trabajar en todos los requisitos durante más de dos años”, comenta Landa.
La actual exposición, “Atmósfera Total”, estará abierta hasta febrero y abarca documentación e imágenes de la historia de El Eco, así como nuevas obras de los artistas mexicanos Leo Marz y el español Alberto Odériz, que se exhiben en la planta baja y el patio, enmarcando a El Eco como una obra total. Durante la semana del arte, se presentará una performance inspirada en la apertura de El Eco en 1953, que unió danza y música, y que contará con la colaboración del colectivo Sinfonía 007 y el ensamble Piñata en Llama, con vestuario del diseñador Aurea Bucio.
Este recorrido por la historia de El Eco pone de relieve su importancia en el panorama cultural de México, destacando cómo un espacio puede trascender su función original y convertirse en un referente del arte contemporáneo.
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