La FIFA se encuentra en el centro de una tormenta interna tras la reciente salida de su director de operaciones, Kevin Lamour, quien dejó el organismo que rige el fútbol mundial el 17 de agosto de 2026. Su renuncia se produce en un contexto de tensiones y críticas hacia el plan del presidente Gianni Infantino de vender parte de la participación en el negocio de sus torneos, incluyendo la Copa del Mundo.
El portavoz de la FIFA ha confirmado que la relación laboral con Lamour, quien había estado en el cargo durante dos años, ha finalizado, agradeciendo su servicio y deseándole éxito en el futuro. Sin embargo, el ahora exdirector no ha escatimado en declaraciones, señalando que había “engañado” al personal de la FIFA al respecto del plan de Infantino, describiéndolo como “el proyecto de una sola persona”.
En un contexto más amplio, la FIFA ha enfrentado un aluvión de críticas por su intención de crear una filial de 20,000 millones de dólares destinada a gestionar sus torneos y por la propuesta de vender hasta un 20% de las acciones a inversores externos. Este plan, que algunos consideran un mal negocio para el fútbol, generó una oposición generalizada, lo que llevó a la FIFA a reconsiderar su propuesta tras el descontento expresado por varios miembros clave.
Las tensiones en el organismo también se evidencian en la dimisión de Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino, en señal de protesta. En sus declaraciones, Lamour enfatizó la misión de la FIFA: “Nuestra misión es servir al fútbol. No servir a los intereses de una persona que, lamentablemente, cree que encarna a la FIFA cuando se supone que debe estar a su servicio”.
Como resultado de esta disidencia interna, el organismo ha visto cuestionada su dirección y la viabilidad de proyectos que podrían tener un impacto significativo en el futuro del deporte rey. La respuesta de la FIFA al malestar generalizado ha sido clara: la propuesta se ha abandonado temporalmente, aunque el horizonte para nuevas iniciativas podría depender de la evolución de estas tensiones internas.
Este episodio resalta cómo los desafíos administrativos y económicos pueden impactar no solo la estructura interna de la FIFA, sino también su relación con las federaciones nacionales y los aficionados alrededor del mundo. El camino hacia adelante sigue siendo incierto, a medida que la FIFA busca equilibrar intereses y mantener la integridad del deporte.
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