En 2018, la filántropa brasileña Olga Rabinovich se propuso una misión audaz: encontrar una manera efectiva de apoyar una causa que urgía financiamiento en su país natal. Tras un año de investigación, descubrió su respuesta en la industria cinematográfica. Así, nació el Instituto Olga Rabinovich, que lanzó oficialmente Projeto Paradiso al año siguiente.
Proyecto Paradiso brinda un amplio rango de apoyo a los profesionales del cine brasileño, con un enfoque en la internacionalización. La organización se asocia con diversas entidades para conectar el talento nacional con oportunidades en el ámbito global, ofreciendo becas, programas de capacitación y recursos cuidadosamente seleccionados. Recientemente, ha sido clave detrás de títulos aclamados en festivales, como “Gugu’s World,” ganador en Berlín, y “Our Secret,” de Grace Passô, además de contar con una red de 264 profesionales destacados en el sector.
Lo que distingue a Proyecto Paradiso es su agilidad y capacidad de reacción. Rabinovich, al ser la única fuente de financiación, ha eliminado los pesados procesos administrativos que suelen limitar la efectividad de este tipo de iniciativas. Esta flexibilidad ha permitido que la organización se adapte rápidamente a las necesidades de los cineastas, como se evidenció en la reciente reunión nacional de la red de talentos en Recife.
“Me siento increíblemente privilegiada por lo que he vivido y quiero que otros tengan esas oportunidades”, dice Rabinovich. Desde sus inicios, ella y su equipo notaron que, a pesar de contar con incentivos y sistemas de financiación pública en Brasil, muchos cineastas luchaban por el desarrollo de sus proyectos debido a la falta de tiempo para madurar sus guiones mientras intentaban ganarse la vida. Así surgió la idea de un incubadora de talento, que se convertiría en su primer programa.
La llegada de Bolsonaro al poder trajo consigo recortes significativos en la financiación para el cine nacional. En respuesta, la iniciativa de Rabinovich se amplió, ayudando a los cineastas a cubrir los costos de asistencia a festivales internacionales. Este enfoque, basado en la eficiencia y en el compromiso inmediato al identificar oportunidades, ha generado un eco positivo entre los beneficiarios, quienes han elogiado la rapidez con la que han recibido apoyo financiero.
Corvo, asociada de Rabinovich, señala que su estructura organizativa permite tomar decisiones rápidas sin enfrentar largos procesos de cumplimiento. Al optar por subvenciones más pequeñas, la institución ha podido realizar un impacto significativo en muchos proyectos. Un ejemplo es el “fin de caja,” una ayuda que puede ser crítica para completar la financiación de un filme, muchas veces equivalente a $3,000.
La Fundación ha crecido en notoriedad y, durante sus eventos, Rabinovich es frecuentemente abordada por cineastas agradecidos, lo que la conmueve. La filántropa considera su labor no solo un honor, sino también una gran responsabilidad. “Es muy gratificante ver que algo pequeño que comenzamos ha crecido tanto”, afirma.
De cara al futuro, Olga Rabinovich se compromete a asegurar que su trabajo filantrópico se convierta en una iniciativa sostenible. Con la mirada puesta en los próximos cinco años, quiere establecer las bases para que Proyecto Paradiso continúe floreciendo, asegurando que su impacto persista en el tiempo, más allá de su mandato.
La historia de Olga Rabinovich y Projeto Paradiso subraya el poder de la determinación y la filantropía en el mundo del cine, transformando desafíos en oportunidades para el crecimiento y la innovación en la industria cinematográfica brasileña.
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