En un entorno internacional cada vez más tenso, la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no asistir a la 17ª Cumbre de los BRICS en Río de Janeiro se presenta como un acto de prudencia estratégica. Este foro, que reunió a las economías más significativas del sur global, evidenció la cautela de varios líderes, ya que solo dos de los países miembros, el anfitrión Brasil y la India, tuvieron representación a nivel presidencial.
A pesar del enfoque discreto de la agenda de la cumbre, que abordó temas como el desarrollo sostenible y la cooperación sur-sur, la Casa Blanca parecía desinteresada en los matices de la reunión. Bajo la administración Trump, las prioridades han girado en torno a frenar la inmigración ilegal y combatir el crimen transnacional en América Latina, además de contener el creciente influjo comercial de China. En este escenario, México se ve forzado a tomar medidas definidas para distanciarse de los BRICS, particularmente de las potencias como China y Rusia, consideradas cada vez más en conflicto con los intereses estadounidenses.
Una manifestación clara de esta presión fue el reciente discurso del embajador estadounidense, que subrayó el descontento con las alianzas de México. A pesar de las tensiones, las empresas chinas han continuado su inversión en la transición energética en México, financiando proyectos de energía renovable en estados como Sonora y Coahuila. Desde 2018, se han invertido más de 1,500 millones de dólares en energías renovables, con más del 20% de los módulos fotovoltaicos en México provenientes de proveedores chinos. Este impulso es coherente con la política ambiental de la administración Sheinbaum, destinada a contrarrestar el cambio climático.
No obstante, la incertidumbre en el entorno regulatorio y el riesgo reputacional de asociarse con empresas chinas han comenzado a inquietar a los inversionistas. Estos factores podrían frenar proyectos en ejecución y limitar futuras inversiones, poniendo en peligro la modernización de infraestructuras energéticas cruciales para la creación de empleos verdes en regiones que dependen de estas iniciativas.
Mientras tanto, en un contexto de búsqueda de nuevos mercados, una delegación de empresarios mexicanos de la Coparmex está programada para visitar Japón, un país con el cual México mantiene un sólido acuerdo económico desde 2005. En 2024, el comercio bilateral superó los 23,000 millones de dólares, y la inversión japonesa representa más del 63% de la inversión asiática en territorio mexicano. Esta misión empresarial busca potenciar la internacionalización y competitividad del empresariado mexicano en el exterior.
A nivel nacional, la presidenta Sheinbaum ha firmado recientemente once decretos que reforman un total de 27 ordenamientos legales durante el periodo extraordinario de sesiones de la LXV Legislatura. Esta implementación es vital para la observancia de las disposiciones constitucionales vigentes.
El escenario político y económico actual resuena con la importancia de las decisiones estratégicas, a medida que México navega por aguas cada vez más complejas en su relación con potencias globales y latinas. Sin duda, el futuro del país dependerá de su capacidad para equilibrar el desarrollo sostenible y la atracción de inversiones en medio de un entorno internacional volátil.
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