La noche del martes 10 de febrero de 2026, el aeropuerto de El Paso cerró su espacio aéreo. Las autoridades estadounidenses, inicialmente, atribuyeron este cierre a la supuesta incursión de un dron vinculado a un cartel mexicano. Esta situación puso de relieve el alarmante aumento del uso de drones por parte de grupos criminales en la región y las crecientes tensiones entre Estados Unidos y México sobre cómo abordar este fenómeno.
Durante el último año, los funcionarios de seguridad estadounidenses han manifestado inquietudes crecientes sobre el uso de drones por los carteles, quienes emplean versiones adaptadas de modelos comerciales. Estos dispositivos no solo sirven para la vigilancia y el transporte de drogas, sino que en algunas regiones, han sido utilizados para lanzar explosivos en ataques mortales contra fuerzas de seguridad en México.
Cabe destacar que, hasta ahora, no se ha documentado ningún ataque con drones de carteles en territorio estadounidense. Sin embargo, el secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, indicó que la presencia de un drone en el espacio aéreo estadounidense había llevado al cierre del tráfico aéreo en El Paso, que inicialmente se pronosticó duraría diez días, aunque finalmente se limitó a siete horas.
Sin embargo, algunos funcionarios de Washington y de aerolíneas, hablando bajo condición de anonimato, contradijeron esta versión. Afirmaron que el cierre se debió más a las preocupaciones sobre un sistema antidrones basado en láser instalado en las cercanías, que podía representar un riesgo para el tráfico aéreo. Expertos en aviación también señalaron que la detección de un dron frecuentemente resulta en una breve pausa, no en un cierre prolongado.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también cuestionó la narrativa oficial, sugiriendo que no había pruebas de la existencia de drones en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez. Esto destaca la tensión existente entre ambos países, donde la narrativa sobre el uso de drones en el contexto del narcotráfico está en el punto de mira.
El uso de drones comerciales por parte de los grupos criminales en México no es nuevo. Desde hace más de diez años, estos grupos han adaptado tecnología accesible para espiar a las autoridades y transportar contrabando. Sin embargo, la situación se ha intensificado, particularmente en zonas como el estado de Michoacán, donde algunos carteles han incorporado explosivos en sus aeronaves para atacar a agentes del orden y civiles.
A lo largo de la frontera, es común que los carteles utilicen drones para la entrega de drogas desde el aire o para monitorear los movimientos de los agentes fronterizos, facilitando así sus operaciones de contrabando. Según el Pentágono, se registran más de 1,000 incursiones de drones mensualmente a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.
La distinción entre una “incursión” y un “ataque” se vuelve crucial en este contexto. Scott Brown, exagente del Departamento de Seguridad Nacional en Arizona, argumenta que la situación se presenta más como una incursión que como un ataque directo, dejando claro que existe una diferencia significativa.
Ambos países están actualmente colaborando para abordar el problema del uso de drones en la frontera. Recientemente, funcionarios de Nuevo México y Chihuahua se reunieron para discutir los riesgos que esto implica.
Este cierre del espacio aéreo llega en un momento en el que las tensiones entre Estados Unidos y México son palpables, especialmente ante el trasfondo de declaraciones del expresidente Trump, quien ha propuesto el uso de la fuerza militar contra los carteles, alegando que “controlan México”. La presidenta Sheinbaum ha advertido que cualquier acción unilateral por parte de Washington en territorio mexicano sería considerada una grave violación de la soberanía nacional.
Con el trasfondo de las dimensiones de este conflicto, se plantea la cuestión de si el cierre del aeropuerto es un pretexto para una intervención más contundente por parte de Estados Unidos. Según algunos expertos, la narrativa en torno a la amenaza de los drones puede servir a ciertos intereses políticos en Washington, justificando intervenciones en México sin el debido ojo crítico.
Los eventos en curso reflejan una compleja red de dinámicas de poder y control en la región, donde la tecnología emergente y la lucha contra el crimen organizado están entrelazadas en un delicado equilibrio que continuará moldeando las relaciones entre Estados Unidos y México en el futuro.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


