El océano, como vasto recurso natural, cubre el 71% de la superficie terrestre y alberga el 90% de la biosfera. Este inmenso cuerpo de agua es crucial para la economía global, proporcionando seguridad alimentaria a más de tres mil millones de personas y facilitando el transporte de más del 80% de los bienes a nivel mundial. Además, soporta la infraestructura necesaria para el 98% del tráfico internacional de internet. Si pudiéramos imaginar la economía oceánica como un país, se posicionaría como la quinta economía más grande del mundo. Sin embargo, este valioso motor enfrenta desafíos apremiantes, incluidos el cambio climático, la degradación ambiental, la baja productividad y la lenta adaptación digital.
La economía azul está surgiendo como un potente motor de desarrollo local y regional, especialmente en áreas subnacionales. Las ciudades y regiones costeras, así como aquellas con acceso a vías navegables, son el hogar de diversas actividades de la economía azul, generando empleo y valor. Un estudio reciente de la OCDE ha identificado que los productos del mar, el turismo relacionado con el agua, y el transporte marítimo son los sectores predominantes en estas áreas. Por ejemplo, en Barcelona, España, la economía azul contribuye con el 4.3% de su PIB y el 1.4% de su fuerza laboral, mientras que en Andalucía representa un 10.5% del PIB.
En el contexto de América Latina y el Caribe, una región rica en extensas costas y ríos navegables, el impulso de la economía azul se configura como una oportunidad estratégica. De acuerdo con estudios del Banco Mundial, más del 25% de la población vive a lo largo de la costa, cifra que llega al 100% en las naciones insulares del Caribe. La región depende significativamente de actividades costeras, como la pesca, el turismo y el transporte marítimo. Por ejemplo, Colombia está posicionando su estrategia nacional para convertirse en una “potencia bio-oceánica” para 2030, mientras que Brasil está investigando la economía azul en Río de Janeiro, y Chile implementa compensaciones a comunidades indígenas para la conservación de ecosistemas.
Pese a estas oportunidades, la economía azul en América Latina y el Caribe se enfrenta a importantes desafíos. Los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar y la erosión, representan amenazas críticas. Sin embargo, el obstáculo más significativo hacia la implementación efectiva de políticas es la falta de recursos financieros, seguido por la escasez de datos y la fragmentación en la formulación de políticas.
Aquí es donde entra la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Su misión es utilizar su experiencia en diversas áreas políticas para ayudar a los gobiernos en la transición hacia economías oceánicas más sostenibles. La OCDE busca garantizar que todas las sociedades, tanto desarrolladas como en desarrollo, cosechen los beneficios del océano de manera inclusiva y responsable. Alerta sobre el potencial aún inexplorado de las ciudades y regiones en la economía azul y la desconexión entre la inversión pública y las estrategias específicas en este ámbito.
La estrategia “RISC-proof” de la OCDE aborda la resiliencia, la inclusión, la sostenibilidad y la circularidad en las economías azules. Mediante el establecimiento de condiciones de gobernanza adecuadas, busca facilitar la formulación y la coherencia de políticas. La organización también trabaja en la recopilación de conocimientos mediante encuestas a diversas entidades y estudios de caso para ofrecer recomendaciones políticas adaptadas.
Para facilitar esta transición hacia economías sostenibles en países en desarrollo, la OCDE ha creado una guía que aborda las barreras financieras y tecnológicas, además de mejorar el acceso a datos basados en evidencia. Promover la innovación tecnológica se considera crucial para cerrar las brechas de productividad y preparar la economía azul para el futuro.
La economía azul ofrece grandes oportunidades de desarrollo en América Latina y el Caribe, con un potencial notable para generar empleo e impulsar el crecimiento regional. Sin embargo, para maximizar este potencial de manera sostenible, es vital superar retos como la escasez de financiación y las deficiencias en las políticas gubernamentales. La OCDE, a través de su investigación y sus diversas iniciativas, desempeña un papel esencial en equipar a los gobiernos de la región con los recursos necesarios para construir economías más resilientes, inclusivas y sostenibles, estableciendo así un camino hacia un futuro más próspero y equilibrado en el ámbito oceánico.
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