Una placa azul ha sido develada en la casa de Julia Margaret Cameron en Londres, reconociendo a esta fotógrafa pionera que comenzó su carrera a los 48 años. Cameron, conocida por sus retratos icónicos de contemporáneos como Alfred Tennyson, Charles Darwin y Thomas Carlyle, inmortalizó también a su familia, sirvientes y vecinos, transformándolos en ángeles, santos y figuras de la leyenda artúrica.
A lo largo de su vida, Julia tuvo un amplio círculo familiar y artístico. Sus descendientes, que aún hoy están involucrados en el mundo del arte, incluyen a su bisnieta, la música y DJ Jules Cameron, y a la cantante Birdy, su sobrina bisnieta. Entre sus familiares también se encuentran figuras prominentes del Grupo de Bloomsbury, como las artistas Vanessa Bell y Virginia Woolf.
El evento de develación se llevó a cabo con la presencia de varios miembros de su extensa familia. Jules Cameron, vicepresidenta del museo en Dimbola Lodge —donde Cameron inició su carrera con un cuarto oscuro en un cobertizo de carbón—, expresó que Julia habría apreciado este homenaje. “Ella entendía la fotografía no solo como un registro, sino como una forma de revelar el alma”, afirmó.
Rebecca Preston, historiadora de placas azules de English Heritage, destacó que localizar un sitio adecuado en Londres para la placa resultó complejo. Finalmente, este se colocó en una elegante casa victoriana en 10 Chesham Place, en Belgravia, que Cameron alquiló brevemente y que fue testigo del nacimiento de su cuarto hijo. A pesar de sus vínculos con figuras influyentes, la familia Cameron no disponía de riqueza, lo que los llevó a mudarse con frecuencia hasta establecerse como vecinos de Tennyson en la Isla de Wight.
Contrario a la imagen de una dama victoriana ociosa, Cameron se dedicó seriamente a la fotografía, buscando ganarse la vida con su arte. En una carta a Henry Cole, fundador del Victoria and Albert Museum, señaló que “una mujer con cuatro hijos no puede vivir solo de la fama”. Su interés por la fotografía surgió en diciembre de 1863, cuando recibió una cámara de su hija y, un mes después, logró lo que consideró su primera fotografía exitosa: un retrato de Annie Philpot, una niña de nueve años.
Entre sus obras más celebradas se encuentra un retrato de Tennyson envuelto en una larga capa, que, a pesar de las quejas del poeta por el tiempo requerido para la sesión, se convirtió en su retrato favorito. Con el tiempo, Cameron registró derechos de autor para su trabajo, organizó exposiciones y se unió a sociedades fotográficas, obteniendo reconocimientos como una medalla de oro en sus exhibiciones anuales.
A pesar de recibir críticas por su enfoque de desenfoque, Cameron fue reconocida en la Exposición Universal de París de 1867. Su carrera, aunque breve, incluyó un viaje a Ceylon en 1875, donde continuó realizando fotografías. Sin embargo, apenas se conocen 30 trabajos de sus últimos años antes de fallecer en 1879, siendo sepultada en dicha isla.
La ubicación de la placa azul, en Chesham Place, es emblemática en la vida de Cameron, simbolizando el inicio de un camino que le permitió redefinir la fotografía y dejar un legado que impactaría a generaciones posteriores. Este homenaje no solo honra su trabajo, sino que también reafirma su presencia en la historia del arte fotográfico.
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