Desde que en 2010 la cadena AMC estrenó The Walking Dead, la serie que adapta los cómics de Robert Kirkman se ha convertido en una de las marcas más rentables de la televisión. Sin embargo, varios responsables de la producción han reclamado ante los tribunales unos beneficios que, según ellos, les corresponde y no han obtenido.
Ese era el caso del cineasta Frank Darabont. El director de películas como La milla verde o Cadena perpetua fue el encargado de poner en pie el proyecto y el máximo responsable de su primera temporada. Durante la producción de la segunda temporada, la cadena AMC le despidió alegando mala conducta. En 2013, Darabont demandó a AMC y reclamaba un porcentaje de los beneficios de la serie, ya que, según él, habían mentido en sus cuentas para pagarle menos de lo que le correspondía.
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Así se pone fin a una disputa que se ha alargado casi una década y que ya tenía cita ante el jurado para abril de 2022. En estos años, AMC había acusado a Darabont de no hacer bien su trabajo e incluso publicaron correos electrónicos que probaban la actitud agresiva y malos modos del entonces responsable de la serie.
A esta demanda se sumó la que presentaron en 2017 Robert Kirkman y los productores Glen Mazzara, Gale Anne Hurd y David Alpert. Reclamaban algo parecido a Darabont: porcentajes de beneficios más justos, a su entender. Según ellos, AMC retuvo “decenas de millones de dólares” en beneficios usando prácticas “impropias y abusivas”. También reclamaban reconocimiento por el programa Talking Dead (en el que varias personas comentan los capítulos tras su emisión) y Fear the Walking Dead.


