Debe estar en la naturaleza humana esa insistencia en caer y recaer en las trampas de los estafadores financieros. Ni la perseverancia de las autoridades sobre la necesidad de indagar en el origen de esos prodigiosos asesores que ofrecen ganancias imposibles, ni un refranero cargado de advertencias, ni los medios de comunicación o el cine que de forma recurrente reflejan esos timos, impiden el engaño.
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Puede que cambien las formas, los métodos, pero el fraude sigue ahí. El doctor en psicología, Javier Herreno-Martín recuerda que en 2002, David Kanehman ganó el Nobel de Economía por ilustrarnos sobre cómo nos perdemos sistemáticamente en condiciones de irracionalidad cuando decidimos sobre nuestro dinero. “Somos seguidores de tendencias, no necesariamente comprobadas.
Es decir, bastaría con que alguien (el presunto arquitecto de la estafa), construya el envoltorio y busque un escenario de complicidad, y ya lo tienes. Un nutrido grupo de seres humanos picará, sin duda, el anzuelo”. Y añade: “Solo basta con que exista un tercer factor: la necesidad (real o imaginaria), como perder peso, recuperarse de la quiebra económica, curar la salud, etc… Tres ingredientes sencillos y potentes para arruinar, potencialmente, a cualquiera”, explica Herrero-Martín.
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Con el reclamo de las criptomonedas y unas ganancias meteóricas anunciadas en redes sociales, la Audiencia Nacional se ha hecho cargo de una presunta estafa piramidal de la plataforma Nimbus y de otra atribuida a la firma Arbistar 2.0. En total, superarían los 35.000 afectados y los datos de la Guardia Civil apuntan a un volumen cercano a los 250 millones de euros. Patricia Suárez, presidenta de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin) explica que en las criptomonedas, utilizadas como ganchos en estos presuntos fraudes, hay que distinguir entre las inversiones legítimas y el engaño que ahora se reviste de estas formas.
No obstante, apunta que “los criptoactivos no tienen un valor intrínseco, están escasamente regulados y, en general, operan en un limbo legal en muchos aspectos”. Y añade: “Existen plataformas de intermediación, normalmente ubicadas en países con fiscalidad sospechosa, que hay que evitar porque suelen estar integradas por empresas pantalla”.
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Desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se han puesto manos a la obra para poner freno a estas estafas. Su presidente, Rodrigo Buenaventura, presentó a finales de junio en el Congreso su iniciativa de un Plan de Lucha contra el fraude financiero, después de apreciar un incremento de consultas de inversores por ofertas recibidas de entidades no registradas y por presuntas estafas, muchas de ellas ligadas a criptoactivos o derivados sobre divisas, acciones y materias primas.
“En España las instituciones —tanto las fuerzas de seguridad, como la justicia, los legisladores, los supervisores y muchos otros— están plenamente comprometidas en la lucha contra el fraude. Hasta ahora hemos encontrado muy buena predisposición para abordar esta cuestión en otras administraciones, empezando por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, que ha mostrado apoyo y convencimiento en la necesidad de abordar este problema”, explican desde la CNMV. Ahora bien, el organismo supervisor cree que debe implicarse el sector privado, porque un aumento del fraude puede afectar también a su reputación.


