Los habitantes de Teherán despertaron el pasado domingo con un inusual aire de apocalipsis. Una densa humareda negra, resultante de ataques a depósitos petroleros, cubría la capital iraní, transformando el día en un escenario sombrío similar a la noche. “Pensé al despertar que había un problema”, comentó un chofer local, reflejando las inquietudes de muchos que se vieron obligados a encender las luces de sus vehículos en pleno día.
A las 10H30 (07H00 GMT), las calles de la avenida Valiasr, una de las más largas de Teherán, mantenían su luz encendida mientras las nubes grises se mezclaban con las espesas humaredas. Este fenómeno inusual ocasionaba confusión entre los ciudadanos, que respiraban un aire impregnado de un olor a quemado, casi apocalíptico en su impacto visual y sensorial.
El ataque, que se enmarca en el noveno día de un conflicto armado entre Irán, Israel y Estados Unidos, ha sido el primero en infligir daños significativos a la infraestructura petrolera iraní desde el inicio de la contienda. Cuatro depósitos y un sitio logístico fueron golpeados, resultando en al menos seis muertes y 20 heridos. A más de 12 horas de los bombardeos, las llamas seguían reavivándose en uno de los depósitos actuales, evidenciando la magnitud del desastre.
En el lugar, fuerzas de seguridad, equipadas con máscaras de protección y trajes impermeables, controlaban el acceso, advirtiendo sobre los peligros de las emisiones tóxicas que podrían irritar las vías respiratorias y los ojos. Se estima que importantes cantidades de hidrocarburos, azufre y óxidos han sido liberados en el aire, lo que acentúa la preocupación de las autoridades y de la población.
El gobernador de la provincia de Teherán, Mohammad Sadegh Motamedian, anunció que la distribución de gasolina se encuentra “temporalmente interrumpida”, limitando el suministro a 20 litros por vehículo. Esta medida generó largas colas en las gasolineras, ya que la población intenta abastecerse en medio del caos. A pesar del ambiente oscuro, Teherán comenzó a recuperar algo de actividad; casi el 50% de los comercios reabrieron, ofreciendo un rayo de esperanza en medio de la adversidad.
Mientras el número de desplazados todavía se mantiene bajo en comparación con guerras pasadas —se estima que 100,000 personas han abandonado la capital—, el panorama ha cambiado notablemente desde los inicios del conflicto. Las calles, que parecían desiertas al inicio de la guerra, muestran signos de vida con más peatones y vehículos tomando las calles.
Este periodo crítico para Teherán destaca la resiliencia de su población mientras navega por las adversidades. Con la esperanza de que la situación mejore y la normalidad regrese, los ciudadanos continúan día a día, enfrentando la incertidumbre de un futuro incierto.
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