En un giro inesperado, Francisco Garduño, conocido por su controvertido manejo del Instituto Nacional de Migración (INM), ha sido nombrado jefe de un área dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP). A sus casi 80 años, este exdirector de prisiones busca ampliar su influencia en el ámbito educativo del país. Mario Delgado, secretario de Educación, ha declarado que la experiencia de Garduño será crucial para la reforma del bachillerato nacional en curso.
El polémico legado de Garduño está marcado por la tragedia ocurrida en marzo de 2023, cuando un incendio en un albergue migratorio en Ciudad Juárez dejó 40 migrantes muertos. Durante una protesta, 67 hombres se quedaron atrapados en un edificio en llamas mientras los funcionarios del INM y los guardias de seguridad abandonaron el lugar, dejando a los migrantes sin posibilidad de escape. Esta catástrofe provocó un escándalo y llevó a que Garduño, junto a otros 11 implicados, enfrentara cargos por su aparente incumplimiento de deberes que garantizaban la seguridad de los migrantes.
Pese a la gravedad de los hechos, Garduño mantuvo su puesto en el INM hasta abril de 2025, durante el mandato de la administración actual. Su mandato se caracterizó por la militarización de la gestión migratoria —en un contexto donde las detenciones de migrantes aumentaron de 180,000 en 2019 a más de un millón en 2024—. Aproximadamente el 80% de las oficinas estatales de migración estaban dirigidas por personal con formación castrense, reflejando un cambio represivo en la atención a los migrantes.
La militarización del INM fue promovida como una respuesta a la presión del gobierno de Estados Unidos, que exigió medidas más contundentes en el control migratorio. Como resultado, el personal militar y de la Guardia Nacional se multiplicó, alcanzando cifras cercanas a 40,000 efectivos para tareas migratorias. Esto no solo transformó la estructura del INM, sino que también instauró una cultura militar en el trato de los migrantes, incrementando las violaciones a sus derechos humanos.
A pesar de las serias acusaciones en su contra y de haber sido obligado judicialmente a disculparse con las familias de las víctimas del incendio, Garduño ha sido declarado por algunos funcionarios como un “ejemplo”. Este contraste entre su historia y el nuevo rol que asume en la SEP levanta interrogantes sobre si su experiencia será realmente beneficiosa para la reforma educativa que el país necesita.
En conclusión, el regreso de Garduño a la esfera pública representa un capítulo controvertido para la política mexicana. Su historial en el INM y la crisis humanitaria en la que estuvo involucrado plantean dudas sobre las prioridades y la dirección de la política educativa en un momento crucial para el país. La historia de Garduño es un recordatorio de los complejos desafíos que enfrenta México en la intersección entre derechos humanos, migración y educación.
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