Elene, una joven de 16 años, y su familia, marcada por las secuelas de la guerra, se encuentran en el epicentro de una masiva protesta en Tbilisi, donde las calles de la capital georgiana se convierten en un campo de batalla por la libertad. Este contexto no solo revela la lucha por los derechos civiles, sino que también fuerza a la familia a confrontar las tensiones internas que amenazan con desgarrarlos.
Este relato no es solo un resumen de un conflicto; es la premisa de una película innovadora, Tear Gas, del aclamado cineasta georgiano Uta Beria, conocido por su obra Negative Numbers. La película, que mezcla ficción con la realidad de las manifestaciones, tendrá su estreno mundial el próximo 12 de agosto en el marco de la competencia de Filmmakers of the Present en el Locarno Film Festival, en Suiza.
En el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, el proyecto se alzó con dos premios en 2025: el HBF Empowerment Award, destacando su urgente enfoque sobre la libertad de expresión y la tensión política, y el Outward Gaze Award. Con la producción a cargo de Nino Chichua, Anna Khazaradze y Beria, y el apoyo de Guillaume Dreyfus y otros, la película cuenta con un elenco que incluye a Taisia Eradze y Mzia Arabuli, entre otros.
El título de la película, Tear Gas, va más allá de su significado literal, ya que Beria subraya que este gas es utilizado para dispersar a las multitudes y generar pánico. Sin embargo, esa misma violencia puede llevar a la gente a luchar por lo que más aprecia. En Tbilisi, el gas lacrimógeno se ha convertido en un símbolo de los numerosos días de protestas contra un gobierno que se teme está siguiendo un camino autoritario similar al de Rusia, lo que amenaza con aplastar la aspiración de Georgia de convertirse en una democracia alineada con Occidente.
Uno de los catalizadores de este descontento es la Ley de Agentes Extranjeros, apodada la “ley rusa”, que se percibe como un intento de reprimir la sociedad civil. A pesar de las dificultades para realizar el filme —que tomó cinco años en completarse debido a la complicada situación política y a la falta de apoyo del Centro Nacional de Cine de Georgia—, Beria y su equipo lograron filmarlo en medio de las protestas, lo que presentó desafíos sin precedentes.
La grabación en un entorno tan volátil requirió una flexibilidad constante; planear cada escena se convirtió en un ejercicio complejo. La seguridad fue una preocupación primordial, con la policía utilizando gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes prácticamente todos los días. Beria y su equipo idearon métodos creativos para comunicarse en medio del caos, utilizando banderas en lugar de radios.
A medida que se acerca el estreno, Beria ha enfrentado amenazas por parte del gobierno, incluyendo un aviso de posibles sanciones financieras debido a la proyección pública de la película en Locarno. Sin embargo, el festival ha reafirmado su compromiso de llevar a cabo el evento según lo planeado.
La valentía del equipo de producción es palpable, y Beria espera que Tear Gas despierte la conciencia internacional sobre la situación en Georgia, destacando la realidad de un país en lucha por su identidad y libertad. “El gas lacrimógeno, aunque diseñado para separar, en realidad nos une en la lucha por lo que valoramos más”, afirma Beria. Esta poderosa declaración podría resonar no solo en el contexto de Georgia, sino en muchas otras luchas por la libertad en el mundo actual.
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