El ciclo de pronósticos económicos en México se ha vuelto un ritual decepcionante que se repite desde hace ocho años. Cada año, la Secretaría de Hacienda presenta estimaciones optimistas del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), pero a medida que el tiempo avanza, esas proyecciones se ven inevitablemente deterioradas.
Para 2026, la historia se repite: el Banco de México recortó su estimación de crecimiento a solo 1.10%, en línea con los análisis de un reciente sondeo entre expertos, que sitúan la expansión en 1.09%. Esta divergencia entre las expectativas oficiales y la realidad del crecimiento económico se vuelve alarmante, ya que las proyecciones del gobierno federal han sido sistemáticamente más optimistas que las de organismos independientes.
El problema de esta discrepancia no se limita a números; afecta la planificación y ejecución de ingresos y gastos del país. A lo largo de los últimos ocho años, con excepción del 2023, la economía ha mostrado un crecimiento inercial de al menos 2.0%, cifra que parece haber desaparecido. Esta caída no es meramente estadística; significa una erosión de la capacidad productiva del país, que se traduce en una disminución en la calidad del empleo.
Mientras el discurso oficial tiende a atribuir la inflación y el bajo crecimiento a factores externos, organismos internacionales como el Banco Mundial señalan que México se ha distanciado de otras economías emergentes. Lo que frena verdaderamente a la economía nacional es un tema interno: la gobernanza. En las encuestas realizadas por el Banco de México, los analistas destacan que las limitaciones del crecimiento están vinculadas a la debilitada estructura de gobernanza y a la falta de Estado de derecho.
La incertidumbre jurídica ha escalado, elevando los costos de oportunidad para atraer capitales. Evaluar un proyecto de inversión ya no es solo una cuestión de rentabilidad; implica sopesar riesgos en un entorno en el que las reglas del juego pueden cambiar de manera abrupta. Este contexto se agravó notablemente con decisiones como la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, que marcó el inicio de una administración en la que el poder judicial fue capturado y se socavaron los principios democráticos.
Los especialistas coinciden en que el verdadero obstáculo del crecimiento en México no proviene de influencias externas, sino de su propia estructura de gobernanza. El debilitamiento de los contrapesos, la captura de instituciones y la tolerancia hacia la impunidad forman un círculo vicioso que ahoga la economía.
Así, el crecimiento inercial de 2.0% que había sido considerado un estándar se ha desvanecido, llevando consigo la capacidad productiva y afectando severamente el empleo. La conclusión es clara: si estas tendencias continúan, el futuro económico de México se verá aún más comprometido, con repercusiones inmediatas para sus ciudadanos y su bienestar.
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