Las autoridades de Panamá han tomado medidas drásticas en respuesta a las protestas que sacuden la provincia caribeña de Bocas del Toro. El presidente, José Raúl Mulino, decretó el estado de urgencia, lo que ha llevado a la suspensión de internet y telefonía móvil en la región, afectando a los residentes a partir del 21 de junio de 2025. Esta decisión se produce tras casi dos meses de manifestaciones en rechazo a una controvertida reforma de pensiones, que ha sido el catalizador de un creciente descontento social.
La Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP) comunicó que la suspensión de servicios se extenderá hasta el 25 de junio, aunque se garantizará la conectividad para servicios esenciales, como salud y comercio. Las protestas han escalado en violencia, dejando un saldo trágico de un muerto y más de un centenar de detenidos, así como decenas de heridos, incluyendo 13 Policías Nacionales.
La situación en Bocas del Toro se ha vuelto crítica, con manifestantes provocando daños en la infraestructura local, incluido un ataque al aeropuerto y bloqueos de carreteras, lo que ha puesto en alerta a la embajada de Estados Unidos, que ha instado a sus ciudadanos a evitar viajar a esta zona conflictiva. A partir del jueves, los disturbios civil han incrementado de manera alarmante, obligando a la intervención del gobierno.
La declaración de estado de urgencia implica la suspensión temporal de varias garantías constitucionales, lo que permite una mayor flexibilidad a las autoridades de seguridad para hacer frente al desorden público. Este entorno de tensiones ha llevado a la embajada estadounidense a prohibir a su personal viajar a Bocas del Toro.
Las manifestaciones fueron iniciadas el 28 de abril, inicialmente lideradas por trabajadores bananeros, quienes, tras un acuerdo con el gobierno, han cedido el protagonismo a otros grupos que exigen la derogación total de la ley que modificó el sistema de pensiones. Las demandas de estos grupos reflejan el amplio malestar social en relación a la gestión del ejecutivo y su enfoque en políticas económicas que afectan directamente a la población.
Mientras la situación se desarrolla, la atención mundial se centra en las acciones del gobierno panameño y la capacidad de este para restaurar la calma en una región que se ha convertido en símbolo de la resistencia a políticas impopulares. La crisis en Bocas del Toro continúa evolucionando, y es fundamental seguir el desarrollo de los acontecimientos en los días venideros.
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