La afirmación del CEO de People, Inc., Neil Vogel, en el Fortune Brainstorm Tech conference, ha encendido un fuerte debate sobre la ética de las prácticas de Google. Vogel acusa a la compañía de utilizar un único crawler para indexar sitios web y alimentar sus productos de inteligencia artificial, describiendo esta acción como un robo de contenido. En su declaración, destacó que la dependencia de la plataforma ha disminuido considerablemente; Google Search pasó de representar el 65% de su tráfico hace tres años a situarse en los “altos 20”. Esta caída es alarmante, especialmente considerando que, en años anteriores, Google era responsable del 90% del tráfico del publisher.
A pesar de estos desafíos, Vogel afirma que la empresa ha sabido crecer en audiencia y en ingresos. Sin embargo, subrayó una injusticia fundamental: “no se puede tomar nuestro contenido para competir con nosotros”. En su búsqueda por más control en la era de la IA, Vogel considera esencial bloquear a los crawlers de IA que no compensan a los publishers. De hecho, People, Inc. ya ha comenzado a implementar soluciones de Cloudflare para frenar a estos programas automatizados, lo que ha llevado a conversaciones con proveedores de LLM sobre posibles acuerdos de contenido.
Sin embargo, hay un dilema: bloquear el crawler de Google significaría también perder el acceso al tráfico que aún puede ofrecer, lo que pone en aprietos a los editores. Vogel no duda en calificar a Google de “actor malo” por no dividir sus funciones de búsqueda e inteligencia artificial, mientras que Janice Min, CEO de Ankler Media, se une a la crítica, identificando a estas grandes empresas tecnológicas como “kleptómanos de contenido”.
El CEO de Cloudflare, Matthew Prince, aporta una perspectiva adicional al afirmar que los cambios en las dinámicas del sector probablemente vendrán impulsados por nuevas regulaciones. También cuestiona la efectividad de utilizar soluciones legales tradicionales, como las leyes de derechos de autor, en este contexto moderno, sugiriendo que la creación de derivados por las empresas de IA las protege bajo el concepto de “uso justo”. Al abordar la relación entre Google y los editores, Prince acentúa la idea de que el gigante de la búsqueda ha enseñado a los publishers a priorizar el tráfico sobre la creación de contenido original, lo que ha llevado a un cambio en la forma en que los medios crean su oferta.
Prince también predice que Google eventualmente comenzará a pagar a los creadores de contenido por el uso de su material en modelos de IA, planteando un futuro en el que la monetización del contenido digital y la relación entre creadores y plataformas podría transformarse profundamente.
Este contexto resalta tensiones actuales y futuras en el ecosistema digital, donde la lucha por la propiedad y monetización del contenido se convierte en un tema crucial en la intersección de la inteligencia artificial y el periodismo. La situación de 2025 se presenta como un momento de inflexión, donde las decisiones tomadas por las grandes corporaciones tecnológicas tendrán repercusiones significativas en la forma en que se crea y consume el contenido en el futuro.
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