Los promotores del Mundial de Fórmula 1 decidieron poner toda la carne en el asador con vistas al Gran Premio de Gran Bretaña que se celebra este fin de semana en Silverstone, la cuna de la velocidad y el circuito alrededor del cual se distribuyen seis de las diez escuderías que se miden en el certamen. El jueves se presentó en sociedad y a escala real el monoplaza tipo que concentrará el mayor zarandeo en el reglamento técnico de los últimos años.
El viernes arrancó el nuevo formato de gran premio que se aplicará en otras dos citas (Monza e Interlagos) y que ofrece, como elemento diferencial, la carrera corta complementaria que se celebrará el sábado. Ambas iniciativas responden a un mismo objetivo: fomentar la igualdad de un campeonato que en los últimos años ha vivido sometido a la batuta de Mercedes, siete dobletes consecutivos desde 2014, cuando entró en vigor la anterior revolución en la normativa y se introdujo la tecnología híbrida.
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Mientras la llegada de los nuevos prototipos es una medida que viene de lejos y tras un análisis pormenorizado de las dinámicas de unos y otros, la rutina que se estrena en Silverstone se interpreta más a modo de experimento, a la espera de ver qué impacto tiene, tanto en las estadísticas como en la hinchada. Las principales diferencias respecto de una cita convencional se concentran en las jornadas del viernes y del sábado.
El primer día de actividad de pista (viernes), los coches llevaron a cabo una primera sesión de entrenamientos libres, para, unas horas más tarde, afrontar directamente a la cronometrada, dividida en las tres eliminatorias de siempre (Q1, Q2 y Q3). La configuración de la parrilla que salió de ella dejó en esa especie de ‘pole’ a Lewis Hamilton, mientras que Carlos Sainz terminó el noveno y Fernando Alonso, el undécimo. Así se colocará cada uno de ellos en la parrilla de salida de la carrera corta o al sprint que se celebrará el sábado (17:30 horas, Movistar Fórmula 1 y Dazn).


