En un entorno político donde las promesas de transparencia y ética son cada vez más demandadas, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, ha marcado una línea clara en su administración. Durante una reciente conferencia, Armenta reiteró su compromiso con un gobierno que actúa dentro del marco legal y que se aleja de las prácticas corruptas que han manchado la política en el pasado.
“Planificamos con apego a la ley, porque somos un gobierno bioético, guiado por valores y principios”, destacó el mandatario, enfatizando la importancia de una gestión pública responsable. La promesa de llevar a cabo obras sin caer en “mega fraudes”, “mega saqueos” o “mega deudas” resuena con la población que ha vivido los estragos de los modelos de desarrollo de administraciones anteriores, marcadas por un enfoque neoliberal.
Un proyecto emblemático que ha suscitado interés es el Cablebús, cuya implementación, según Armenta, se desarrollará sin endeudar a los ciudadanos. El gobernador se comprometió a realizar proyectos inclusivos que se alineen con el bienestar de la comunidad: “No estamos pensando en la obra que le deja más al gobernador. Quien intente enriquecerse a costa del erario asumirá las consecuencias”.
Este enfoque crítico hacia obras previamente impulsadas, como el proyecto del Teleférico y el Museo del Barroco, subraya su determinación de evitar repetir errores del pasado. En este contexto, Armenta mencionó la reciente aprobación de la obra del Cablebús por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así como el respaldo para la creación de la Universidad del Deporte, reflejando un esfuerzo por asegurar que las nuevas iniciativas se hagan con planeación cuidadosa.
“Destruyeron una obra monumental por un capricho gubernamental”, comentó, distanciándose de decisiones impulsivas y subrayando la importancia de una gestión fundamentada. Con la mirada puesta en el futuro, su administración se presenta como un ejemplo de cambio, promoviendo un desarrollo que priorice los intereses de la población por encima de cualquier interés personal o político.
Así, el legado que busca dejar Alejandro Armenta podría sentar un precedente en la política poblana, donde los valores éticos y la planificación sería la norma, no la excepción. En un momento crítico para la administración pública, su mensaje resuena como una llamada a la reflexión y el compromiso por una Puebla más transparente y justa.
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