La presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz, ha alzado la voz frente a lo que califica como un intento de enjuiciamiento político en su contra, presentado en un contexto marcado por la tragedia del asesinato de su esposo, Carlos Manzo, quien fue alcalde de la ciudad hasta su muerte en noviembre del año anterior. En un emotivo mensaje difundido por redes sociales el 14 de febrero de 2026, Quiroz denunció que pretende silenciarla y socavar el movimiento social que ambos habían impulsado.
Asegura que las acciones en su contra se intensificaron tras el homicidio de Manzo. “No les bastó con callar a Carlos, ahora quieren callarme a mí”, expresó con indignación, subrayando la ausencia de justicia respecto a quienes perpetraron el asesinato de su esposo. “No han enjuiciado a los verdaderos asesinos de Carlos, y eso el pueblo lo sabe”, enfatizó.
Quiroz no solo se defiende, sino que también aboga por el movimiento social al que considera perteneciente al pueblo, no a individuos. Apunta que estos intentos de desacreditar su figura reflejan la desesperación de quienes buscan reestablecer un control político basado en prácticas de extorsión y robo. En su discurso, se percibe una crítica abierta a la antigua estructura de poder que, según ella, está visiblemente erosionada.
A pesar de las adversidades, la edil reafirma su compromiso con el movimiento social que promueve, afirmando que, independientemente de lo que pueda ocurrir con su futuro, la movilización ciudadana se mantendrá activa. “Aunque me enjuicien, aunque me destituyan, aunque me metan a la cárcel… a este movimiento ya no lo podrán parar”, subrayó, reflejando una firme determinación que resuena entre la ciudadanía.
Resalta que la conciencia de la comunidad ha evolucionado y que, pase lo que pase, ella se mantendrá al lado del pueblo de Uruapan. “La gente, el pueblo, ya despertó. Y no los dejará volver al poder… pronto… tal vez nunca”, concluyó con claridad.
Este enfoque audaz de Quiroz no solo refleja la lucha personal por su cargo, sino un llamado a la acción colectiva para mantener a raya a aquellos que han perjudicado a la comunidad. La presidenta se erige como símbolo de resistencia y desafío, en un momento en que la historia de Uruapan parece entrelazarse con la necesidad de un cambio radical e irrevocable.
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