En un dramático giro de eventos, colectivos de familiares de personas desaparecidas han denunciado actos de represión y violencia institucional durante una movilización pacífica en la Calzada de Tlalpan, Ciudad de México, este martes. La acción, denominada “¿Y si sí? Nos regresan a los desaparecidos: Cascarita contra el olvido”, se tornó en un enfrentamiento con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), quienes, según los manifestantes, buscaron intimidar a quienes exigían justicia y visibilidad para sus seres queridos desaparecidos.
Aproximadamente 80 elementos de la SSC participaron en este operativo. Los grupos organizados, que incluyen Hasta Encontrarles CDMX y Luciérnagas Buscadoras, expresaron que desde el inicio de la concentración enfrentaron intimidación. Los policías, algunos en motocicletas sin identificación oficial, llegaron al lugar y, en un intento por desmantelar las mantas con fotos de desaparecidos, realizaron empujones y separaciones sin establecer un diálogo previo.
Entre las víctimas de estas presuntas agresiones se encontraban varios familiares de personas desaparecidas, tales como Fernando Vargas y Gabriela Alonso. Los colectivos denunciaron que, además de los ataques a manifestantes, periodistas y personas solidarias también recibieron golpes y amenazas. Estos incidentes, catalogados como represión, subrayan una lamentable realidad: en México hay más de 135,000 personas desaparecidas, un tema que todavía requiere atención y sensibilidad por parte de las autoridades.
En la jornada, se llevó a cabo una conferencia de prensa donde Antonia Cabrera, del Colectivo Luciérnagas, exigió una disculpa pública y justicia por las agresiones sufridas. Otra integrante del grupo, Gabriela, compartió su experiencia tras ser empujada y sufrir una lesión en la muñeca, evidenciando el riesgo que corren quienes buscan verdad y justicia en un entorno donde la protesta se encuentra amenazada.
Los colectivos señalan que no solo enfrentan un largo abandono institucional, sino que también se ven sometidos a represalias cuando ejercen su derecho a manifestarse. El sentimiento de frustración y urgencia resuena en sus voces, mientras clamaban por el cese de la violencia institucional y un reconocimiento de su lucha.
Este llamado a la acción destaca la necesidad de una respuesta más compasiva y menos violenta por parte del Estado hacia las familias en búsqueda de sus seres queridos, enfatizando que la represión nunca debe ser la respuesta. A medida que continúe la lucha por la atención a sus demandas, el contexto social y político de México mantiene su relevancia, haciendo imperativo el seguimiento a estos acontecimientos que marcan una herida profunda en la sociedad.
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