La Selección Mexicana se preparó para su última práctica antes de la Copa del Mundo, un evento que reunió todos los esfuerzos y expectativas de un grupo que ha mostrado gran cohesión. Entre los aspectos más destacados de esta sesión de entrenamiento, fue imposible no notar la figura de Memo Ochoa, quien, puntual a las 11:00 a.m., lideró a los arqueros con su característico rostro serio y su banda elástica en la cabeza. Este Mundial será el sexto para Ochoa, colocándolo al lado de leyendas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, en un récord singular de participaciones.
Detrás de Ochoa, los porteros Raúl Rangel y Carlos Acevedo se unieron a la práctica, todos ellos realizando un entrenamiento diferenciado. Este equipo de 26 jugadores ha trabajado arduamente para llegar en forma óptima, y la atmósfera durante el entrenamiento era de camaradería, con risas y bromas que indicaban la buena química entre ellos.
La lesión de Luis Malagón en marzo abrió un espacio para Ochoa, cuya inclusión fue pensada desde el inicio por el entrenador Javier Aguirre, quien mantuvo las puertas abiertas para cualquier jugador activo en la liga. Ahora, Ochoa lidera a una joven generación de arqueros: Rangel, con quien tiene una diferencia de 14 años, y Acevedo, diez años menor. A sus 30 años, Acevedo tuvo una breve participación en un reciente amistoso contra Ghana.
A las 11:40 a.m., la práctica se intensificó con ejercicios de tiros a gol, donde cada jugador tuvo la oportunidad de rotar en la portería. Las interacciones no faltaron; Jesús Gallardo anotó contra Acevedo, mientras que Edson Álvarez vio cómo su tiro fue atajado. Un momento particularmente emocionante fue el gol de Julián Quiñones, quien celebró al ver a un grupo de niños animándolo desde el borde del campo, un recordatorio del impacto que tienen estas figuras en la juventud.
El ambiente de la práctica fue energizante, gracias a los entrenadores Javier Aguirre y Rafael Márquez, quienes inyectaron un aire de felicidad en el proceso, convirtiendo la corta sesión en lo que se describió como una “fiesta mundialista”. La música y la camaradería marcaron el tono, atrayendo a algunos fans y niños que anhelaban la oportunidad de acercarse a sus ídolos.
Con un cielo nublado y un clima fresco de 21° Celsius, que pronto se tornó en lluvia, los jugadores pudieron disfrutar de un entrenamiento sólido. A medida que finalizaba la sesión, el entusiasmo se mantuvo, dejando a todos los presentes con la certeza de que se estaba dando un paso firme hacia la gran competencia.
La última práctica de la Selección Mexicana no solo ofreció un vistazo a sus preparativos, sino que también dejó una sensación de calma y unidad entre los jugadores, justo antes de enfrentar los retos que les esperan en el torneo mundial.
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