La guerra ha sido considerada como un evento violento y destructivo que causa la muerte y el sufrimiento de las personas. Sin embargo, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar en que las guerras también pueden provocar hambre y desnutrición en la población? La realidad es que las guerras también matan de hambre.
A lo largo de la historia, se ha demostrado que las guerras no solo destruyen ciudades y matan soldados, sino que también afectan directamente la seguridad alimentaria de las poblaciones que se encuentran en los territorios en conflicto. Las zonas de guerra pueden ser caracterizadas por la interrupción del suministro de alimentos y una disminución de la producción agrícola debido a la destrucción de campos y cosechas.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), alrededor del 60% de las personas que padecen hambre en el mundo viven en países en conflicto o en situaciones posconflicto.
La realidad es que las guerras provocan la pérdida de empleo, la destrucción de infraestructuras y sistemas alimentarios, las pérdidas de cultivos y ganado, los bloqueos de carreteras y vías de transporte, la inseguridad en la distribución de alimentos y, en definitiva, la inalcanzabilidad de los recursos básicos.
La degradación del suelo, la salinización de las tierras, la contaminación de los recursos hídricos y la disminución de la diversidad de cultivos también son efectos negativos de los conflictos armados en los sistemas alimentarios.
Incluso después de que se haya producido un armisticio y se haya firmado la paz, la inseguridad sigue siendo una situación recurrente en estas zonas, generando escasez de alimentos y aumentando la vulnerabilidad de la población frente al hambre y la desnutrición.
El conflicto en Siria es un claro ejemplo de cómo las guerras afectan directamente la seguridad alimentaria de la población. Desde que comenzó la guerra en 2011, la producción de alimentos se ha reducido a la mitad y se han perdido más de 5 millones de cabezas de ganado, lo que ha generado un déficit alimentario del 30%.
Es importante tomar en cuenta que la solución a este problema no solo reside en la finalización de los conflictos armados, sino en esfuerzos sostenidos y concretos para reconstruir los sistemas alimentarios de las zonas afectadas por la guerra con el fin de restaurar la seguridad alimentaria y garantizar el acceso a alimentos nutritivos y suficientes.
Las guerras no solo matan a través de la violencia directa, sino que también son una amenaza significativa para la seguridad alimentaria de la población. Es necesario atender a esta problemática si queremos construir una sociedad más justa y equitativa.
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