El nombramiento más polémico del presidente de Perú, Pedro Castillo, es historia en apenas dos meses de Gobierno. El hasta ahora primer ministro, Guido Bellido, ha presentado este miércoles su renuncia irrevocable. Los desencuentros habían sido constantes entre el presidente y Bellido, un izquierdista muy cercano a Vladimir Cerrón, el dueño del partido marxista-leninista bajo cuyas siglas se presentó Castillo a las elecciones. Su nombramiento el pasado mes de julio había tomado a todo el mundo por sorpresa y fue una demostración del poder de las facciones más radicales del entorno del nuevo presidente.
El pasado viernes la tensión dentro del Gobierno fue máxima. En una reunión de urgencia convocada por el presidente, varios ministros cuestionaron directamente a Bellido por difundir anuncios e información que no había sido vista en el consejo de ministros, y por coordinar actos con personas que no forman parte del Ejecutivo. La alusión fue a Cerrón, el neurocirujano leninista que lidera Perú Libre, formación a la que Castillo llegó como invitado a fines de 2020 para ser candidato presidencial. Cerrón no puede tener cargos públicos debido a una sentencia por corrupción. Sin embargo, su poder en el gabinete ha sido más que evidente. La oposición creía que se trataba de un presidente en la sombra.
El Gobierno del maestro rural de izquierda aseguró desde que llegó su respeto por la propiedad y la inversión privadas, sin embargo, el primer ministro Guido Bellido llegó a amenazar al consorcio que opera el principal yacimiento de gas con “recuperar” el recurso si no aceptaba renegociar el contrato de la concesión. La mayoría de sus compañeros en el gabinete, sobre todo los más cercanos a Castillo, rechazaron su amenaza en público. La fractura ya era evidente.


