Durante siglos, la lectura de cualquier documento fue lineal. Iniciaba en la primera página y seguía, secuencialmente, hasta la última. La estructura narrativa se basaba en la presentación de una idea tras otras, de una frase tras otra, y, aunque se presentaba discursivamente la evocación, la estructura del conocimiento se organizaba en secuencias que nos llevaban por un camino establecido previamente por quien escribía. Con la llegada de Internet apareció una nueva forma de leer que hoy realizamos sin siquiera pensar en ella: la lectura hipertextual.
La lectura hipertextual es cuando abrimos una página, hacemos click en la liga y nos vamos a una imagen, un video u otra página con información. Siempre he pensado que, en cierto sentido, los libros son los primeros productos hipertextuales porque tienen pies de página que van complementando la información, sin embargo, no fueron hechos con una intención de ese tipo, y tampoco existía la categoría semántica para que pudiéramos entender las implicaciones. Si no sabemos cómo nombrarlo, cuesta más entenderlo. Regresando a la idea, la lectura deja avanzar en una sola dirección y se convierte en una red de conexiones que recorremos con base en nuestros intereses personales, es decir que deja de estar predeterminado el camino.
El hipertexto fue desarrollado por Theodore Nelson mucho antes de que la World Wide Web (WWW) existiera. Propone una organización no lineal de la información en la que los contenidos se conectan mediante enlaces y nodos que permiten múltiples recorridos. Cuando Tim Berners-Lee desarrolló la WWW a principios de la década de 1990, esta forma de organización de la información se expandió a escala global.
Desde ese momento la experiencia de la consulta de información y la lectura en Internet cambió radicalmente. Podíamos realizar la consulta no solo como el autor o autora decidía, sino como nosotros lo definíamos. Cada usuario puede construir rutas diferentes a partir de sus intereses, conocimientos previos o necesidades específicas y del momento. Esto hizo que el diseño de las páginas web se visibilizara como un nuevo espacio de la disciplina, pero, además, como un proceso que requería profesionales que jerarquizaran la información para que dentro de la flexibilidad que implica el hipertexto, el usuario no se perdiera en un mar de información, sino que pudiera encontrar lo que buscaba y seguir la consulta de información de forma ordenada según sus intereses.
Esta posibilidad tecnológica impactó en la forma en que consultamos información y construimos conocimiento. El hipertexto nos obliga a tomar decisiones constantemente y eso transforma la experiencia de la lectura, que pasa de ser una actividad receptiva a una de exploración. Por ello, Internet suele describirse como un sistema nodal que organiza la información en nodos interconectados. En cierto sentido, navegamos más de lo que leemos.

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