Ayer llevé a mi hija a comprar útiles escolares y terminé disfrutando muchísimo. Entramos a una papelería enorme, con un surtido impresionante, y frente a los estantes llenos de cuadernos, plumas, reglas, resaltadores y todo tipo de objetos para escribir, medir, organizar o dibujar, me encontré ante una verdadera exposición de diseño. Una regla, por ejemplo, parece uno de los objetos más sencillos que existen. Su función básica es medir y trazar líneas, pero basta observar un estante de papelería para descubrir que puede ser rígida, flexible, transparente, de colores, metálica, irrompible o fabricada con distintos materiales. Todas cumplen prácticamente la misma función, pero cada una propone una experiencia diferente para quien la utiliza.
Lo mismo ocurre con las plumas, que confieso soy fan de ellas. Las encontramos con tinta negra, azul, roja, verde, rosa o de múltiples colores; de gel, de punto fino o grueso, y encontré que ahora hay nuevos grosores. Algunas con cuerpos suaves, acolchados, rígidos, redondos o hexagonales; otras están diseñadas para escribir durante largos periodos, otras privilegian la precisión y algunas más convierten el acto de escribir en una experiencia visual mediante tintas metálicas, brillantes o de colores poco convencionales. Los resaltadores de texto pueden ser de colores neón, tonos pastel, puntas gruesas, delgadas o dobles y cuerpos de formas muy distintas. Los cuadernos parecen tener posibilidades infinitas: pasta dura o flexible, diferentes tipos y gramajes de papel, hojas desprendibles, recicladas, perforadas, distintos sistemas de encuadernación, tamaños, texturas y gran variedad de propuestas gráficas y de colores en las portadas.
Todo esto nos permite observar con mucha claridad una de las funciones del diseño de producto. Diseñar un objeto no consiste únicamente en resolver para qué sirve. También significa decidir cómo se utilizará, qué material resulta adecuado, cómo debe sentirse en la mano, cuánto debe resistir, qué tamaño conviene, cómo se guardará y qué características pueden hacerlo más cómodo para determinadas personas.
Por eso dos objetos destinados aparentemente a realizar la misma tarea pueden generar experiencias completamente distintas. Una pluma que se desliza suavemente sobre el papel no se siente igual que otra que requiere mayor presión; una regla flexible puede resultar especialmente práctica para guardarse dentro de una mochila; un cuaderno con hojas desprendibles permite organizar posteriormente la información de otra manera. Cada una de esas características responde a decisiones de diseño. A esto se suma la dimensión sensorial de los objetos: sentimos la textura de una portada, el peso de una pluma, la flexibilidad de una regla o la suavidad de un determinado papel. El color, la textura, la forma y el material participan en nuestra decisión y construyen una relación con el producto antes incluso de comenzar a utilizarlo.
Pero en muchos casos no podemos probar el producto antes de comprarlo, por lo que el empaque debe explicar qué tiene de especial. Nos muestra el color de la tinta, el tipo de punta, la flexibilidad de una regla, la resistencia de un material o alguna característica particular del objeto, a veces, hasta ventanitas tienen para sentir los materiales. Además de protegerlo, funciona como una pequeña pieza de comunicación que debe ayudarnos a distinguirlo entre muchos productos similares, es decir a diferenciarse.
El diseño permite que un objeto estrictamente utilitario también pueda provocar identificación, deseo y placer durante su uso. Comenzamos a comparar materiales, formas, colores y sensaciones hasta encontrar aquello que se adapta mejor a nosotros. Al final, comprar útiles escolares permite entender que la función es indispensable, pero rara vez elegimos únicamente por ella, también elegimos cómo queremos que un objeto se sienta, se vea y forme parte de nuestras actividades. Cuando compramos útiles escolares, buscamos objetos para escribir, medir, dibujar o subrayar y terminamos eligiendo texturas, colores, materiales y experiencias. La función nos lleva hasta el estante y muchas veces el diseño decide cuál nos llevamos a casa.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


