Los Sakura son unos bellísimos árboles de cerezo que en estas fechas decoran las ciudades de Japón con sus flores rosa pálido que con el paso de los días intensifican su color. Sus pequeños pétalos caen como una brisa delicada y se dice que si te caen encima tendrás fortuna. El cerezo se cultiva por su floración y es un privilegio verlos, aunque, dicho sea de paso, en Morelos conocemos muy bien la hermosa sensación de un árbol en flor.
La importancia cultural de los Sakura comienza cuando en el periodo Heian (794-1185) la corte imperial en Kioto los adopta como símbolo estético y surge la práctica del hanami que es contemplar la belleza efímera, actividad aristocrática. En el periodo Edo (1603-1868) el shogunato Tokugawa fomentó la plantación masiva de cerezos en las ciudades y la contemplación de los Sakura se vuelve una experiencia colectiva.
Para el siglo XIX el Sakura se convierte en uno de los grandes símbolos nacionales japoneses y se relaciona con la identidad, el territorio y la cultura. En la cultura japonesa se relaciona con la impermanencia, con la conciencia de que todo es efímero. La flor es espectacular pero solo dura alrededor de una semana. Su belleza es pasajera, por lo que también se vincula con la renovación de ciclos.
Los paisajes del Sakura son una experiencia social en los que la sensación de la belleza invade el entorno. Además, la flor se convierte en un símbolo gráfico identitario de Japón. Esa flor está presente en muchos motivos gráficos como carteles, postales, llaveros y otros productos de diseño que se vuelven parte de la experiencia colectiva del Sakura. Pero nada comparado con la experiencia de la contemplación del diseño de los jardines y parques y de las costas de los ríos decorados con la flor mecida por la brisa y de la que caen los pequeños pétalos.
El Sakura a través de la historia se ha convertido en parte de la cultura japonesa, que tiene la habilidad de plasmar sus símbolos identitarios en ilustraciones magistralmente realizadas, de colores y patrones delicados que utilizan en muchos elementos gráficos de diversos niveles, desde un papel para envolver hasta una mascada de seda.
El diseño de experiencia del tiempo y la conciencia de la belleza efímera a través del paisaje permite experimentar de forma colectiva momentos irrepetibles, que al mismo tiempo quedan plasmados en gráficos para la eternidad, generando una paradoja estética y perceptual.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


