Recientemente, en un espacio universitario donde abordábamos algunas metodologías del diseño, indagué si se conocía y comprendía el concepto de iteración y su importancia en el proceso de producción. Aunque algunas personas habían escuchado el término, no siempre se consideraba como una parte fundamental del proceso de diseño.
La iteración es un componente clave en la generación de diseño, ya que establece las bases para la mejora continua del producto. En algunas metodologías forma parte de la etapa previa al lanzamiento al mercado; en otras, ocurre después. Se define como el proceso de repetir una acción incorporando ajustes a partir de lo aprendido en cada ciclo. Es probar, evaluar, ajustar y volver a probar.
Los momentos en que esto sucede pueden variar. Por ejemplo, en el lanzamiento de un producto vinculado a estrategias de mercadotecnia suelen realizarse pruebas previas. En otros casos, los procesos de mejora se desarrollan a partir de la retroalimentación de quienes usan el producto, ya sea mediante redes sociales, correos electrónicos o incluso cartas, y a veces esos ajustes pueden tomar años de innovación y desarrollo.
Independientemente del momento en que se implemente, la iteración permite establecer una comunicación real y fluida con quienes utilizan el diseño. En el caso del diseño gráfico, posibilita afinar el proceso comunicativo y, en general, mejorar las ideas que se ponen en marcha a través del diseño.
Si no se itera, se asume que la primera versión es —y debe ser— correcta. Esto cancela el proceso de mejora continua y limita la comunicación con el usuario, lo que en ocasiones deriva en un diseño excluyente o poco funcional. Aquí la iteración adquiere un papel que va más allá de la verificación mercadológica: se convierte en un momento clave para el diseño inclusivo. ¿Cómo saber si un diseño realmente responde a las necesidades de la población a la que va dirigido si no se prueba? Sin iteración no se escucha; se impone.
Bajo esta premisa, la iteración no solamente es un procedimiento técnico o de mercado, también es un proceso social relevante que nos permite establecer una comunicación indicativa de las mejoras de nuestros procesos y de los diseños, es decir que permite evaluar y ajustar nuestros propios métodos y decisiones. Quienes generamos diseño, a diferencia de otras disciplinas creativas, no solamente dependemos de la creatividad estética o industrial, lo hacemos también (y en gran medida) de comprender a la población a la que nos dirigimos para resolver un problema o necesidad específica. Escuchar y visibilizar sus opiniones es parte del compromiso profesional.
Iterar conscientemente y observar con atención puede hacer que nuestros diseños sean realmente inclusivos, eficientes y eficaces.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.


