Los medios de comunicación tienen la capacidad de incidir en la percepción social sobre distintos acontecimientos. Configuran marcos de interpretación, nos guste o no; por eso es importante saber a quiénes escuchamos y si somos capaces de contrastar la realidad con lo que nos dicen que sucede. Existen medios considerados masivos por la cantidad de personas a las que llegan simultáneamente, como la televisión o la radio. Las redes sociales también se han convertido en medios de comunicación masivos y, además, tienen una particularidad: la retroalimentación. Permiten que los usuarios se comuniquen entre sí, interpelen datos y opiniones, e incluso dialoguen con el propio medio.
Es importante distinguir entre los medios que buscan informar con criterios de objetividad y aquellos que son de opinión. Los primeros intentan comunicar lo que sucede con base en ciertos estándares informativos, pero surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede hablarse de objetividad cuando siempre existe un encuadre en la construcción de la información? La selección de imágenes, el orden de los datos o la jerarquía de los titulares ya implican decisiones. En ocasiones, pueden existir intereses que influyan en esa construcción; en otras, simplemente se trata de dinámicas propias del sistema comunicativo. El sentido de esta columna es visibilizar que lo que vemos no siempre agota lo que sucede, sino que está enmarcado por una forma específica de comunicar dentro de un sistema complejo.
En cambio, los medios de opinión son explícitamente editorializados: alguien expresa una postura. En ese caso es más sencillo distinguirlo, pues sabemos que podemos estar o no de acuerdo y reaccionar en consecuencia.
En el caso de las redes sociales intervienen los algoritmos, que realizan una selección previa de imágenes y temas a mostrarnos. Un algoritmo es, en términos simples, un conjunto de instrucciones ordenadas para resolver un problema o tomar decisiones. Cuando se trata de información, el sistema procesa grandes cantidades de datos y prioriza contenidos de acuerdo con nuestras interacciones previas. Dar un “me gusta”, “me importa”, “me enoja” o “me entristece” es ya una forma de selección. Con el tiempo, la plataforma tiende a mostrarnos información similar a aquella con la que hemos interactuado. Además, muchas redes sociales analizan el tiempo que permanecemos observando cierto contenido, lo cual también influye en lo que se nos presenta después.
Regresemos a los medios como actores que influyen en la percepción social. En muchos casos, las imágenes que se nos muestran constituyen nuestro principal acceso a determinados acontecimientos, por lo que tendemos a quedarnos con ese encuadre, esa repetición y esa saturación mediática. Sin embargo, la diversidad de voces puede ayudarnos a ampliar la perspectiva, y esa diversidad también circula en entornos digitales. Por ello, una recomendación básica es acercarnos, de vez en cuando, a medios con los que no coincidimos plenamente, para contrastar enfoques y evitar que un solo encuadre determine nuestra percepción de la realidad.
Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.



Está muy claro el texto, los conceptos se entienden muy bien.
Felicidades.