Esta semana voy a participar en el 10 Congreso Latinoamericano DiSur con dos ponencias. Una se llama Resignificar el rol del diseñador: de lo estético a lo ético, que trabajé con una colega de la Universidad Autónoma de Baja California con la que participo en un grupo de investigación muy estimulante. La otra se titula: Diseño para la inclusión: innovación curricular en universidades públicas latinoamericanas, que trabajé con una colega de mi universidad, la UAEM, y con otra investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Trabajar con investigadoras de otras universidades me permite valorar el estadío de la reflexión sobre el diseño desde muchos puntos de vista en México, pero si añadimos que estas ponencias se presentan en un congreso latinoamericano con muchos más colegas de otras universidades, me otorga una visión extensa de las investigaciones internacionales sobre el diseño, profundizar mis reflexiones y complejizar mis parámetros teóricos y prácticos para el ejercicio del diseño.
Una reflexión importante es la que debemos hacer como gremio con respecto a la necesidad de proporcionar y construir un marco teórico, conceptual y metodológico que realmente sea operativo en la práctica del diseño. Cuando me refiero a la “práctica” del diseño, abarca desde la conceptualización con base teórica y técnica. Pero ¿por qué lo anterior? Porque el diseño es una disciplina que comienza su sistematización como tal en el siglo XIX desde varias aproximaciones que a veces tienden más al arte y otras a la técnica, pero que a través del tiempo sus reflexiones y análisis teóricos están vinculados con la técnica, es decir, con los elementos formales del diseño como son el color, la forma, el tamaño, el equilibrio, la repetición, el contraste, el acento, la jerarquía; y con la técnica como acuarela, fotografía, maqueta, recortes, y lo digital. La teoría concerniente a esa parte del diseño es esencial, se requiere para la legibilidad del mismo y para que los procesos de producción respondan a la capacidad actual de la tecnología y las políticas públicas de manejo de recursos y disposición de desechos. Sin embargo, también es indispensable una construcción teórica que está más vinculada a los efectos del diseño en la sociedad, a la reflexión sociológica, cultural, antropológica, filosófica y ontológica del mismo que nos acerca a la concepción de diseño social, del cual me apasiona hablar y al cual he dedicado una parte importante de mi desarrollo profesional y como investigadora. Lo traigo a colación en esta columna porque el Congreso Latinoamericano DiSur se autodefine como un espacio de intercambio en torno a la enseñanza, la práctica y la investigación en diseño y tiene 4 ejes: Transformación social y co-creación con las comunicades; lo público como territorio de transformación; exaptación y pensamiento de diseño: narrativas latinoamericanas en la enseñanza; y laboratorios de innovación y pensamiento disruptivo. El Congreso es reflejo de que muchos de quienes hacemos diseño de forma práctica y que investigamos sobre él, estamos ya sobre el arduo camino de la construcción teórica necesaria para darle un nuevo sentido a nuestra disciplina, una resignificación que contribuya a que visibilicemos que el diseño es un factor de cambio social y procurador de bienestar, un agente de transformación indispensable en la actualidad. Todos invitados al Congreso en ww.congresodisur.com. Nos vemos pronto para seguir hablando de diseño.

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