Desde que el presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue torturado y asesinado a tiros en su domicilio de Puerto Príncipe la madrugada del 7 de julio. Las investigaciones transnacionales han arrojado un saldo de al menos 26 detenidos y diez prófugos. En una trama que involucra también a ciudadanos de Estados Unidos, Colombia, Ecuador y Venezuela. Estos son algunos de los principales implicados en el magnicidio que ha sacudido al continente.
La trama en Haití
En la convulsa nación caribeña, donde la guardia presidencial sobrevivió sin heridas el ataque de un comando armado a la residencia presidencial. La justicia ya ha apuntado a varios de los cerebros de la operación, en una investigación que arroja algunas certezas y varias inconsistencias. Estos son los algunos de ellos:
Christian Emmanuel Sanon, un médico y pastor evangélico haitiano, de 63 años que llevaba dos décadas viviendo en el sur de la Florida. Sin muchas conexiones en las altas esferas políticas del país caribeño aspiraba a sustituir a Moïse en el poder. Así lo señalaron a menos de una semana del magnicidio las autoridades caribeñas al acusarlo de ser el autor intelectual y de haber sido la primera persona a la que llamaron varios miembros del comando que perpetró el crimen cuando se vieron acorralados.
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Ya el 12 de mayo había sostenido un encuentro en Fort Lauderdale con el objetivo de plantear su visión para reconstruir la nación caribeña. Entre los asistentes estaban un par de empresarios de Florida, otras dos piezas de las investigaciones como parte de la conexión en Miami: el ecuatoriano Walter Veintemilla y el venezolano Antonio Intriago.

Poco después emergió en las investigaciones trasnacionales el nombre de Joseph Félix Badio, un exfuncionario del ministerio de justicia de Haití que sigue prófugo y, según la policía colombiana, fue quien dio la orden a los exmilitares para asesinar al presidente. De acuerdo con el director de la policía de Colombia, el general Jorge Luis Vargas. Tres días antes del magnicidio les informó a Duberney Capador y German Rivera, los reclutadores colombianos, que la orden ya no era arrestar sino matar a Moïse.


