Nora Ephron pasó 30 años contándole a todo el que la quiso escuchar que Mark Felt era Garganta Profunda, la fuente que permitió a su exmarido, Carl Bernstein, y a Bob Woodward destapar el Watergate. Nadie la creía, Bernstein le contó a todo el que le quiso escuchar que no se le habría ocurrido confiar la identidad secreta más relevante de la política norteamericana a su chismosa esposa, pero ella amenizaba las cenas con las conclusiones que la llevaron a elegir a Felt como candidato idóneo para la filtración, y acertó.
Katharine Graham presidía el Washington Post que permitió a los periodistas publicar el caso, el diario que les amparó y protegió de injerencias políticas, pero en Todos los hombres del presidente, el libro, solo aparece mencionada nueve veces. Y en su adaptación cinematográfica, solo una: “Es todo mentira y Katie Graham va a pillarse las tetas en una máquina de escurrir si esto se publica”. Quien la amenazó de esta forma tan vulgar —no sé por qué dan tanto juego nuestras tetas— fue John Mitchell, fiscal general durante el primer mandato de Nixon.
Una perspicacia parecida a la de Nora Ephron la tuvo Martha Mitchell, la esposa del rapsoda, no la exdirectora de YoDona, que pronto descubrió que algo olía a podrido en la administración Nixon. Sin embargo, igual que a Ephron, nadie la creía. Spielberg intentó hacer justicia con Graham en Los archivos del Pentágono, protagonizada por la misma Meryl Streep que 30 años antes había interpretado a Nora Ephron en Se acabó el pastel, la adaptación al cine del divertidísimo libro en el que Ephron contó su relación con Bernstein. Ahora Gaslit, en Starzplay, intenta hacerla con Martha Mitchell, a la que interpreta Julia Roberts. ¿Quién estará animando cenas con cotilleos de Pegasus? Espero que no tardemos 30 años en descubrirlo.
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