Los mexicanos viviendo en Estados Unidos se enfrentan a un clima de miedo creciente. Ante los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), muchos se ven obligados a refugiarse en sus hogares. Esta situación no solo afecta a los casi cinco millones de indocumentados; la presión ha comenzado a sentirse entre residentes que cuentan con una green card, aquellos que han adquirido la ciudadanía y hasta los nacidos en territorio estadounidense. La percepción de ser perseguidos por agentes migratorios ha sembrado el pánico en comunidades enteras.
La administración del expresidente Trump enfocó sus esfuerzos en expulsar la mayor cantidad posible de migrantes, con la meta de superar un millón al año. En este contexto, el gobierno mexicano ha mostrado una alarmante pasividad. Durante su mandato, ni el presidente López Obrador ni la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum han mantenido diálogo con comunidades mexicanas en Estados Unidos, incluyendo importantes poblaciones en California, Texas e Illinois, así como en Nueva York.
A pesar de las declaraciones oficiales que describen a los mexicanos en el extranjero como “héroes y heroínas de la patria”, la realidad es más compleja. Muchos de estos migrantes han enfrentado duras condiciones a lo largo de su travesía. Huyen de la falta de oportunidades, la pobreza y la inseguridad que asolan sus comunidades. En diversas regiones de México, hay pueblos desolados, donde los habitantes han tenido que escapar de la violencia criminal.
En el ámbito económico, el gobierno ignora que la disminución de las remesas en 4.56% el año pasado —la mayor caída en 16 años— podría tener repercusiones serias. Aun así, los 61,719 millones de dólares enviados por migrantes siguen siendo una inyección significativa para la economía nacional, representando casi un 4% del PIB.
La situación en los consulados es igualmente preocupante. Con menos personal y recursos, los servicios que se ofrecen a los migrantes han deteriorado notablemente, dificultando la obtención de citas y la tramitación de documentos esenciales. A la falta de acción se suma la ausencia de cabildeo ante las legislaturas para mejorar los derechos y condiciones laborales de los migrantes, a pesar de que Estados Unidos tiene claro que necesita mano de obra.
Recientemente, la jefa de gobierno afirmó que California es una potencia económica gracias a los mexicanos, una declaración que, aunque resalta la contribución de la migración, minimiza otros factores fundamentales como las empresas tecnológicas y los sectores de servicios que sostienen la economía del estado.
México se encuentra en una encrucijada. A pesar de los talentos y habilidades que sus ciudadanos han desarrollado en el extranjero, muchos de aquellos que podrían regresar y contribuir al crecimiento del país ven cerradas sus puertas debido a la falta de proyectos concretos y sustentados que les permitan establecerse y generar empleos en sus comunidades de origen.
Es esencial que el gobierno escuche las demandas de esta población. Hay millones de mexicanos que simplemente buscan atención y apoyo profesional. Si el gobierno no puede ofrecer esto, sería prudente que tomara una decisión sobre su papel en el apoyo a sus compatriotas en el extranjero.
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