Hezbollah ha descalificado el acuerdo marco entre Estados Unidos, Israel y Líbano, que fue firmado el pasado viernes en Washington, calificándolo de “nulo y sin efecto”. Esta postura fue comunicada por el jefe del grupo extremista, Naim Qassem, quien acusó al Gobierno libanés de cometer un “grave error”. El acuerdo propone el desarme del grupo terrorista y contempla un plan piloto para que el Ejército libanés asuma el control de áreas ocupadas por Israel.
Qassem expresó que el acuerdo resulta humillante para Líbano, ya que, según él, representa una rendición de soberanía y legitima la presencia israelí en tierras libanesas por un período prolongado. Además, se opuso a las negociaciones en curso entre Líbano e Israel, iniciadas en abril, y afirmó que Hezbollah no tiene intención de desarmarse bajo estas circunstancias.
El presidente libanés, Joseph Aoun, ha descrito el acuerdo como “un primer paso” hacia la restauración de la soberanía del país. Sin embargo, la tensión se ha intensificado, ya que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enfatizó que las tropas israelíes permanecerán en Líbano mientras Hezbollah no se desarme, algo que añade un obstáculo notable a la implementación del pacto.
Este acuerdo, alcanzado tras cinco rondas de conversaciones, se basa en un proceso recíproco que busca que el Ejército libanés recupere el control efectivo de su territorio, lo que incluye el desarme verificado de grupos armados no estatales. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha aplaudido el acuerdo, considerándolo un paso hacia la prevención de una escalada del conflicto, aunque subrayó la necesidad del desarme de Hezbollah y la retirada de las tropas israelíes.
A pesar de las proclamaciones de buena voluntad, las hostilidades continúan. Recientemente, el Ejército israelí llevó a cabo un bombardeo en la zona de Nabatieh, en el sur de Líbano, dirigido a supuestos milicianos de Hezbollah. Esta operación fue el primer ataque desde la firma del acuerdo, lo que evidencia la fragilidad de la situación y la dificultad de alcanzar una paz duradera en la región.
Desde el 2 de marzo de 2026, Líbano se ha visto arrastrado a una guerra regional tras el lanzamiento de cohetes por parte de Hezbollah contra Israel. Esta acción fue una represalia por la muerte del líder supremo iraní en ataques de Estados Unidos e Israel, y desde entonces, la violencia no ha cesado completamente. Aunque un alto el fuego fue declarado el 17 de abril, las tensiones permanecen latentes, con un acuerdo que aún enfrenta desafíos significativos en su implementación.
Las partes implicadas deberán abordar divergencias fundamentales relacionadas con el desarme, la retirada militar y el control territorial, si desean avanzar realmente hacia una paz durable en la región.
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