No, no me pasa nada en la boca, no me ha dado un siroco de columnista de élite. Es que, viendo la primera página de ayer de la revista ¡Hola!, no me salía otra palabra que el hegeliano Zeitgeist, algo así como el espíritu del tiempo en teutón cerrado. La portada en sí no es nada del otro miércoles: dos bodones de campanillas. Lo inaudito son los contrayentes. Claudia Osborne Domecq con José Entrecanales Domecq, valga la redundancia, finos cachorros de sus forradas sagas. Y Anabel Pantoja con Omar Sánchez, recios infantes de la realeza de los realities. Mundos paralelos juntos pero no revueltos en el altar mayor del templo del quién es quién en España. Ese es el mérito. Captar el aire de la época en dos fotos más retocadas que un cuadro de Antonio López. ¡Hola!, la biblia rosa, entendió hace tiempo que, o ampliaba su espectro de deidades, o moría de elitismo. Y lo hizo abriendo el cedazo, pero manteniendo el requisito de acreditar dinero, belleza, poder, amor y cotilleo para entrar al coto. Lo que mueve el globo desde Atapuerca.


