La presidenta hondureña, Xiomara Castro, ha dado un giro significativo en su política exterior a tan solo dos semanas de dejar el poder a su sucesor, el presidente electo Nasry Asfura. En una declaración realizada el 10 de enero de 2026, Castro anunció formalmente el retiro de la denuncia contra el tratado de extradición de narcotraficantes que su gobierno había elevado ante Estados Unidos en agosto de 2024.
Este tratado, que se mantiene vigente hasta el próximo 27 de enero, ha sido un punto central en la lucha de Castro contra el narcotráfico. En redes sociales, la presidenta enfatizó que su gobierno ha demostrado, “con hechos, cifras y resultados”, su compromiso en la lucha contra este flagelo que afecta tanto a Honduras como a los Estados Unidos. Desde la renovación de este acuerdo, su administración ha extraditado a 52 hondureños, incluyendo al exmandatario Juan Orlando Hernández, quien fue condenado a 45 años de prisión por narcotráfico.
Sin embargo, el reciente indulto que Hernández recibió a inicios de diciembre por parte del expresidente Donald Trump ha desencadenado controversias. Castro lo describió como “una grave contradicción”, considerando que el exmandatario había sido condenado por tráfico de drogas. Según Castro, este indulto puede debilitar los esfuerzos conjuntos en la lucha contra el narcotráfico, un fenómeno que, según ella, afecta a las sociedades de Norteamérica y Centroamérica.
En su declaración, la presidenta también recordó que su gobierno había denunciado el tratado en parte debido a la crítica de la embajada estadounidense en Tegucigalpa a un encuentro de militares hondureños con sus homólogos venezolanos, a quienes Estados Unidos ha sancionado por vínculos con el narcotráfico. Esta situación pone en evidencia las complejas relaciones internacionales que Honduras enfrenta, donde la lucha contra el narcotráfico está entrelazada con las decisiones políticas de sus líderes.
Como país en el centro del mapa geopolítico del tráfico de drogas, la continuidad del tratado de extradición de narcotraficantes con Estados Unidos representa una herramienta crucial. Este paso de Castro refleja no sólo un compromiso con la estrategia de seguridad nacional, sino también la búsqueda de estabilidad en un entorno político agitado. Mientras se acerca el traspaso de poder a Asfura, se plantean interrogantes sobre el futuro de la cooperación bilateral en materia de narcotráfico y cómo esto influirá en la política interna y externa de Honduras.
La situación continúa evolucionando, y el contexto interno y externo se vuelve más relevante a medida que se aproxima el cambio de administración. Este momento marca un capítulo significativo en la historia reciente de Honduras, donde las decisiones actuales repercutirán en la lucha constante contra las organizaciones criminales que amenazan con socavar la seguridad y el bienestar del país.
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