Los hondureños se enfrentarán este domingo a una jornada electoral crucial, donde la elección de su nuevo presidente se ve marcada por la sombra de la influencia externa, particularmente la del mandatario estadounidense, Donald Trump. El presidente de EE.UU. ha instado a la población a votar por el candidato derechista Nasry Asfura, advirtiendo que, de no ganar, su administración podría cortar la asistencia económica a esta empobrecida nación centroamericana. Con 6,5 millones de personas habilitadas para votar, los hondureños decidirán el sucesor de Xiomara Castro, en medio de un clima de tensión y acusaciones de fraude.
Asfura, del Partido Nacional, se enfrenta no solo a Castro, sino también a Rixi Moncada, abogada de 60 años y candidata del partido Libre, así como a Salvador Nasralla, representante del Partido Liberal. La atmósfera es tensa; todos los candidatos se acusan mutuamente de planes para robar elecciones. Moncada, vestida de blanco, ha declarado que no reconocerá los resultados preliminares del Consejo Nacional Electoral, exigiendo el conteo completo de las actas de votación.
La polarización política en Honduras se ha intensificado desde el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en 2009. Este clima ha sido alimentado por las advertencias de Trump, quien insinuó que la derrota de Asfura podría dejar a Honduras bajo el control del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y sus “narcoterroristas”. La situación se complica aún más con el reciente indulto de Trump al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumple penas de cárcel por narcotráfico en EE.UU.
Asfura, que busca la presidencia por segunda vez, se distancia de Hernández, a quien no considera aliado. Sin embargo, las promesas de Trump de apoyo económico y mejoras migratorias podrían representar un atractivo para el electorado. La gente común, como Esmeralda Rodríguez, una vendedora de frutas en Tegucigalpa, expresa su deseo de no dejarse influir por las presiones externas: “Voto por quien a mí me place, no por lo que ha dicho Trump”.
Bajo un estado de excepción parcial que limita las libertades civiles, los hondureños votarán en un contexto de pobreza y violencia pandillera, con un 60% de la población viviendo con pocos recursos. La situación del narcotráfico ha evolucionado, llevando al país a ser no solo una ruta de tránsito, sino también un productor de cocaína.
Con un despliegue de observadores de la OEA y la Unión Europea, la jornada electoral de este domingo será vigilada de cerca para evitar irregularidades. Las urnas permanecerán abiertas hasta las 23:00 GMT, y el Consejo Nacional Electoral anticipa que los primeros resultados serán divulgados esa misma noche, lo que puede marcar el inicio de un nuevo capítulo en la convulsa historia política de Honduras.
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